En la pintoresca costa de Liguria, un conflicto insólito conmociona a la localidad de Spotorno. Un tramo de playa de solo 50 metros, gestionado por monjas desde hace casi 80 años, está en el centro de una batalla legal que mezcla fe, caridad y las regulaciones de la Unión Europea.
El corazón del conflicto
El balneario Bagni Gino Garrone, perteneciente a la orden Suore di Carità di Santa Maria (Hermanas de la Caridad de Santa María), funciona desde 1946 con un régimen especial: los ingresos de los alquileres de reposeras y sombrillas no son un negocio, sino un medio para sostener una escuela infantil y un campamento de verano que operan en el pueblo.
La hermana Miranda, una monja de más de 80 años, se convirtió en la cara visible de la resistencia. En un debate público, desafió al municipio: "Es nuestra, ¿por qué el ayuntamiento quiere quitarnos la playa? Si lo hacen, ni siquiera podremos mantener la escuela en funcionamiento", declaró citada por el diario Corriere della Sera.
¿Por qué el municipio quiere licitar la playa?
El alcalde de Spotorno, Mattia Fiorini, notificó a la congregación que la concesión deberá pasar a licitación pública, que se publicará en otoño. La decisión responde a dos frentes:
- Normativas regionales: Spotorno busca ampliar sus playas libres del 3,5% actual al 40%, adaptándose a los parámetros de playas libres equipadas.
- Directiva europea Bolkestein: una norma de la UE de 2006 que exige competencia abierta para las concesiones de recursos naturales escasos, como las playas, eliminando la renovación automática de licencias.
El caso de las monjas se enmarca en una disputa mayor entre Italia y Bruselas. Durante dos décadas, los gobiernos italianos se resistieron a aplicar la directiva, pero tras una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE en 2023 y presiones de la Comisión, la primera ministra Giorgia Meloni aceptó un calendario para realizar concursos públicos antes del 30 de junio de 2027.
¿Qué significa el nuevo encuadre?
La municipalidad propone reclasificar el predio como "playa libre equipada". Esto implica que el acceso será gratuito y los visitantes solo abonarán una suma reducida si alquilan reposeras o sombrillas. Las monjas argumentan que ese esquema reducirá drásticamente los ingresos, poniendo en riesgo las obras sociales que financian. Además, la figura de "baños de beneficencia", que las exceptuaba de las reglas comerciales, ya no existe en la normativa vigente.