La reubicación de cetáceos desde Ontario, Canadá, ha dejado un saldo crítico de cinco ejemplares fallecidos en centros de acogida en Europa y Norteamérica, evidenciando la fragilidad de estas especies ante traslados de larga distancia.
En el Oceanogràfic de Valencia, la pérdida de dos ejemplares ha generado alarma: la beluga Jelly Bean, cuyo fallecimiento fue repentino tras presentar problemas alimentarios, y el delfín mular Echo, de unos 30 años, quien padecía patologías clínicas agudas y graves deficiencias visuales.
Paralelamente, el Shedd Aquarium de Chicago reportó la muerte de tres belugas: Osiris, Peekachu y Rain. Estos fallecimientos ocurren tras un proceso logístico complejo que incluyó vuelos directos de siete horas desde Canadá hacia España, sometiendo a los animales a un estrés físico y psicológico extremo.
Antecedentes: El cierre de Marineland
El parque acuático Marineland (Ontario) cerró sus puertas en 2024, dejando a decenas de animales en una situación de vulnerabilidad jurídica y biológica. Ante la amenaza de la empresa de sacrificar a los ejemplares que no pudieran ser reubicados, el Gobierno canadiense intervino para descartar la eutanasia masiva y coordinar el traslado de los cetáceos a otros centros internacionales, una medida que buscaba evitar un desastre ético pero que ha derivado en una crisis sanitaria.
Situación actual y controversia ética
Mientras que la beluga Cleopatra ha logrado adaptarse satisfactoriamente en Valencia, socializando con las belugas Yulka y Kylu, tres delfines supervivientes permanecen aún aislados en proceso de adaptación. El centro español ya cuenta con experiencia en rescates internacionales, habiendo acogido en 2024 a las belugas Plombi y Miranda, trasladadas desde un delfinario en Járkov, Ucrania.
Perspectivas Globales
Dada la magnitud de las pérdidas, sería probable que las autoridades ambientales de España y Estados Unidos intensifiquen las auditorías sobre los protocolos de transporte animal transcontinental. El caso podría impulsar una revisión de la normativa canadiense sobre el cierre de parques acuáticos, donde quizás se priorizaría la creación de santuarios marinos sobre la reubicación en otros centros de exhibición. Asimismo, la presión de organizaciones animalistas podría derivar en demandas legales contra los antiguos propietarios de Marineland por negligencia en el cuidado previo al traslado.