04/08/2026 11:37 - Salud
Menos proteína animal y más longevidad: la clave que revela la ciencia para vivir más
En los últimos años, las proteínas se convirtieron en el sello de una alimentación saludable. Desde yogures hasta agua enriquecida, el mercado se llenó de productos que destacan su alto contenido proteico. Sin embargo, un gran metaanálisis publicado en agosto de 2026 en la revista científica Cell Press Blue y Cell Metabolism pone un freno a esta tendencia y sugiere que, para la mayoría de las personas sedentarias, consumir más proteínas de las necesarias podría no ser la mejor opción para una vida larga y saludable.
Investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison, liderados por Dudley Lamming y Bailey Knopf, revisaron más de 350 estudios. Descubrieron que la reducción de proteínas activa la producción de la hormona FGF21 en el hígado. Esta hormona milagrosa le indica al cuerpo que queme más energía, reduzca la grasa acumulada y controle mejor el azúcar en sangre. En ratones, la sobreexpresión de FGF21 aumentó la esperanza de vida en un 30% en machos y 40% en hembras.
Otro hallazgo alentador es que las dietas bajas en proteínas revierten la acumulación de células senescentes, también conocidas como células zombi. Estas son células que dejan de dividirse pero no mueren, liberando sustancias inflamatorias que dañan los órganos. Al reducir la ingesta proteica, se activan mecanismos de limpieza celular y mejoran las mitocondrias, las usinas de energía de nuestro cuerpo.
En paralelo, un estudio de la Universidad del Sur de California (USC) dirigido por el gerontólogo Valter Longo, analizó datos de más de 200.000 personas junto a las universidades de Toronto y Harvard. Encontraron que quienes consumían grandes cantidades de proteína animal presentaban mayor prevalencia de obesidad y hasta el doble de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
La denominada dieta de longevidad, basada principalmente en alimentos vegetales y pescado, con una cantidad reducida del aminoácido metionina, obtuvo los mejores resultados. Los ratones con este patrón alimentario vivieron más, perdieron grasa y mantuvieron su masa muscular, incluso consumiendo las mismas calorías. Esto encaja perfectamente con las llamadas zonas azules del mundo, como Cerdeña u Okinawa, donde abundan las legumbres, verduras y frutas, y la carne es ocasional.
Los científicos identificaron que un exceso de ciertos aminoácidos como la metionina, isoleucina y valina podría estimular vías metabólicas relacionadas con la obesidad y la inflamación crónica. Limitar su consumo, sin llegar a la desnutrición, es la clave para un metabolismo más joven.
El mensaje de los expertos no es demonizar las proteínas, sino personalizar la alimentación. La nutricionista Jimena Jamardo aclara que el beneficio de reducir proteínas se observa sobre todo en personas sedentarias. Sin embargo, hay grupos que sí necesitan un aporte mayor:
Para un adulto sano y sedentario, la pauta sigue siendo de 0,8 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día. Por ejemplo, una persona de 65 kilos necesita alrededor de 52 gramos diarios. Como señaló el experto José M. Ordovás, el mensaje razonable es consumir una cantidad adecuada, no máxima, prestando atención a la calidad (priorizando legumbres y granos integrales) y adaptándola a cada individuo.
Fuentes: Infobae, Clarín, El Día, El País, Rosario3 (Agosto 2026).
Alfredo S. Quiroga