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06/01/2026 15:06 • SOCIALES • SOCIALES
Amou Haji vivió más de sesenta años sin bañarse. Desde los años 60 hasta su fallecimiento en octubre de 2022, habitó una choza precaria en la aldea de Dezhgah, al sur de Irán, cubierto de polvo y ropa harapienta. Rechazaba cualquier contacto con el agua, convencido de que la higiene lo enfermaría.
Según el Tehran Times, la muerte de varios familiares y una profunda decepción amorosa lo llevaron a alejarse de la vida cotidiana. Con el tiempo desarrolló un miedo obsesivo al baño y se refugió en un estilo de vida completamente antinatural.
Haji aceptaba donaciones, pero solo bajo sus propias reglas: prefería carne de animales atropellados, agua almacenada en recipientes oxidados y rechazaba alimentos cocidos. Además, fumaba heces secas de animales en una vieja pipa y solía encender varios cigarrillos a la vez.
Los vecinos intentaron ayudarlo en varias ocasiones. En una ocasión lo llevaron a un vehículo con la intención de bañarlo en un río, pero Haji saltó del coche en movimiento y escapó. La relación entre él y la comunidad osciló entre la compasión y la distancia.
En 2013 el director iraní Mehran Shafiei
Antes de su muerte, un equipo de la Escuela de Salud Pública de Teherán, liderado por el doctor Gholamreza Molavi, evaluó su estado físico. Los resultados mostraron un sistema inmunológico resistente y una salud notable para su edad, salvo una leve infección parasitaria atribuida a su dieta.
En los últimos meses, los habitantes de Dezhgah lograron convencer a Haji de acept< strong>un baño con agua y jabón, la primera vez en más de seis décadas. Días después, su salud se deterioró y falleció a los 94 años. Muchos vinculó este último baño con su fallecimiento, aumentando el aura de misterio que rodeó su vida.
Aunque no existe un registro oficial que confirme que posea el récord mundial de mayor tiempo sin bañarse, la historia de Amou Haji sigue despertando curiosidad y reflexiones sobre los límites del cuerpo y la mente humana.