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10/01/2026 21:05 • ECONOMIA • ECONOMIA
En cada smartphone, coche eléctrico o satélite se esconden elementos como galio, germanio, indio, tántalo, silicio, torio, litio, cobalto y níquel. Aunque su volumen es bajo, su impacto económico y estratégico es enorme. La concentración de la oferta en pocos países y la dependencia de China como refinador generan una agenda de seguridad de suministro y valor agregado que ahora toca la puerta de Argentina.
Subproductos de la bauxita y del zinc, estos metales son esenciales para componentes de potencia, radares 5G y fibra óptica. China restringió sus exportaciones en 2023, mostrando que la refinación es la verdadera palanca de poder.
El indio permite la fabricación de pantallas táctiles mediante óxido conductor transparente (ITO). El silicio de alta pureza, necesario para semiconductores y paneles solares, se procesa casi exclusivamente en Asia, con China dominando el polisilicio.
Estos tres forman el triángulo de la electrificación. Argentina ya produce litio en Jujuy, Salta y Catamarca, pero la mayor parte del proceso de refinado y transformación química sigue en manos de China. El cobalto proviene mayormente del Congo y el níquel ha encontrado nuevo centro de producción en Indonesia.
El tántalo es vital para capacitores miniaturizados, pero su cadena está ligada a conflictos en el África central. El torio, aún incipiente, podría impulsar reactores nucleares avanzados si se supera la fase de investigación.
El informe señala tres niveles para que el país capture valor:
La ventaja competitiva no está solo en la existencia del recurso, sino en la capacidad de crear una industria integrada que controle la cadena completa, desde la extracción hasta el producto final.
Con la creciente rivalidad geopolítica –China vs. EE.UU. – y la concentración de la refinación, Argentina enfrenta la urgencia de invertir en infraestructura, tecnología y marcos regulatorios que fomenten la trazabilidad y la certificación libre de conflicto. La “guerra silenciosa” por estos minerales ya está en marcha y la posición del país dependerá de cuán rápido logre pasar de ser un simple exportador de materia prima a un productor de valor añadido.