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24/01/2026 14:02 • Sociales
El martes 18 de septiembre de 2012, el buzo escocés Chris Lemons iniciaba una operación nocturna de mantenimiento en el Huntington Oil field, situado en el fondo del Mar del Norte, a 91 metros bajo la superficie y a 185 km al este de Aberdeen. Junto a sus compañeros David Yuasa y Duncan Allcock, descendió en una campana de buceo desde el buque Bibby Topaz.
Una tormenta repentina hizo que el barco se desplace, tensionando el cable umbilical que conectaba a Lemons con la campana. El cable se cortó, y el buzo quedó a la deriva, rodeado por una “oscuridad infinita”. Con su tanque de reserva solo disponía de 5 a 8 minutos de oxígeno.
Sin visibilidad y sin saber dónde estaba, Lemons adoptó la “posición fetal”, aceptó su destino y, según sus palabras, se sintió “triste” pero sin miedo.
Los compañeros en la superficie estabilizaron el buque y enviaron un vehículo remoto (ROV) que localizó a Lemons. Tras 16 minutos desde el corte del cable, Yuasa se sumergió de nuevo, arrastró al buzo de 1,96 m de altura hasta la campana y entregó el cuerpo a Allcock, quien inició la reanimación boca a boca.
Durante 35 minutos el oxígeno no circuló en su cuerpo. Cuando Lemons empezó a respirar espontáneamente, la tripulación celebró. El buzo recuperó la conciencia, respondió preguntas y fue estabilizado en la superficie.