27/06/2026 03:49 - Sociales
Se cumplen 24 años de la Masacre de Avellaneda, uno de los episodios más trágicos y oscuros de la historia democrática reciente. Ocurrió el 26 de junio de 2002, en plena crisis institucional y económica. La convertibilidad, que sostenía la paridad uno a uno con el dólar, había estallado seis meses antes, sumiendo a millones en la pobreza. El presidente provisional Eduardo Duhalde gestionaba una sociedad al límite, con niveles de desocupación y exclusión alarmantes.
Esa mañana, organizaciones sociales y piqueteras marcharon hacia el Puente Pueyrredón con la intención de llegar a Plaza de Mayo. La respuesta del Estado no fue diálogo, sino un operativo represivo coordinado por la Policía Bonaerense. Lo que siguió no fue un simple choque, sino una cacería humana.
Tenía 22 años. Recibió un disparo por la espalda mientras corría buscando refugio en el hall de la Estación Avellaneda. Murió en el acto.
Tenía 21 años. Se quedó para auxiliar a Kosteki. Fue ejecutado a sangre fría por la espalda a manos del comisario Alfredo Franchiotti, mientras intentaba proteger a su compañero.
Inmediatamente después de los asesinatos, el gobierno provincial y nacional orquestó una versión falsa: “los piqueteros se mataron entre ellos”. El entonces jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, habló de un supuesto “complot” y lucha armada. El gobernador Felipe Solá llegó a felicitar a los policías implicados.
“Ese es un enfrentamiento entre pobres contra pobres, quédese tranquila”, le dijo Solá a Nora Cortiñas ese mismo día.
Sin embargo, la mentira oficial duró menos de 24 horas. El trabajo de dos fotógrafos fue decisivo: Pepe Mateos (Clarín) y Sergio Kowalewski (Página/12) documentaron la secuencia criminal. Las imágenes mostraron a Franchiotti y al cabo Alejandro Acosta disparando a quemarropa y recogiendo los cartuchos rojos (munición de plomo) para simular un enfrentamiento que nunca existió.
La justicia tardó, pero llegó. El 9 de enero de 2006, el Tribunal Oral N° 7 de Lomas de Zamora condenó a Alfredo Franchiotti y Alejandro Acosta a prisión perpetua por doble homicidio y siete intentos de homicidio. Otros agentes recibieron condenas menores por encubrimiento.
A 24 años de la masacre, la ex Estación Avellaneda del Ferrocarril Roca hoy lleva el nombre de “Maximiliano Kosteki y Darío Santillán”, en memoria de los dos militantes populares asesinados por el aparato represivo del Estado.
Fuente: Infobae
Alfredo S. Quiroga