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10/11/2025 17:47 • OTROS • OTROS
El portal Infobae publicó un artículo titulado “El colosal hallazgo de un robot en las profundidades del océano: su peso equivale a 250 millones de elefantes”. La pieza describe un supuesto robot gigantesco encontrado en el lecho marino, con un peso comparable a 250?millones de elefantes africanos. Sin embargo, la noticia no citó fuentes científicas, ni proporcionó pruebas fotográficas o datos técnicos verificables.
Un elefante adulto de la especie Loxodonta africana pesa entre 4.5 y 6 toneladas (4?500?6?000?kg). Multiplicar esa cifra por 250?millones daría un peso total de aproximadamente 1.2?×?10¹²?kg, equivalente a 1.2 billones de kilogramos, una masa que superaría por mucho la del planeta Tierra (?5.97?×?10²??kg) en términos de densidad espacial.
Los vehículos operados remotamente (ROV) y los sumergibles tripulados diseñados para la exploración de zonas ultraprofundas pesan entre decenas y cientos de toneladas. Por ejemplo, el sumergible híbrido “Limiting Factor”, que batió el récord de mayor profundidad alcanzada (10?928?m) en 2019, tiene una masa de ?10?000?kg. Los ROV más grandes, como el “Deep Discoverer”, rondan los 50?000?kg. Estas cifras son millones de veces menores que la masa alegada por el artículo.
Una estructura cuyo peso equivala a 250?millones de elefantes requeriría un volumen enorme, mayor que el de varios continentes, lo que lo haría imposible de desplazar en el agua y, mucho menos, de ser identificado por ninguna misión de investigación reciente. Además, la presión a profundidades oceánicas supera los 1?000?atm, y ningún material conocido soportaría la carga estructural de tal masa.
Los científicos y organizaciones dedicadas a la oceanografía, como la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) y el Instituto Oceanográfico de la Universidad de Washington, no han reportado hallazgos de esa magnitud.
El supuesto hallazgo carece de cualquier respaldo verificable y contradice principios básicos de física y de ingeniería. Se trata, evidentemente, de un caso de desinformación que circuló en redes sociales, alimentando mitos sobre “monstruos” del fondo marino. La comunidad científica recalca la importancia de contrastar la información antes de difundirla.