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13/11/2025 07:03 • SOCIALES • SOCIALES
En la plaza principal de Armero, cientos de residentes, autoridades locales y sobrevivientes se reunieron este 13 de noviembre de 2025 para rendir tributo a Omaira Sánchez, la pequeña de tres años cuya fotografía se convirtió en el rostro más conocido del desastre del 13 de noviembre de 1985.
El evento incluyó la colocación de una gran bandera blanca, la lectura de testimonios de los mayores del pueblo y la exhibición de una imagen ampliada de Omaira, acompañada por una vela encendida por la directora del Comité de Memoria de Armero.
El 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del Ruiz entró en erupción, generando una gruesa corriente de lodo y agua —conocida como lahar o "tsunami de barro"— que descendió a gran velocidad por los cauces del río Cauca. En menos de dos horas, el lodo alcanzó la localidad de Armero, enterrándola casi en su totalidad.
Las cifras oficiales sitúan el número de fallecidos entre 23.000 y 25.000 personas, en su mayoría mujeres y niños. La catástrofe dejó a más de 5.000 personas heridas y provocó un éxodo masivo de los supervivientes.El impacto de la tragedia impulsó reformas profundas en la gestión de riesgos en Colombia, con la creación de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y la implementación de sistemas de alerta temprana que hoy salvan muchas vidas.
El cuerpo de Omaira fue hallado entre los escombros días después del desastre. La foto de la pequeña bajo una manta sucia, con los ojos abiertos pero sin vida, circuló en los medios internacionales, convirtiéndose en un referente de la vulnerabilidad infantil ante los desastres naturales.
Desde entonces, la figura de Omaira ha sido utilizada en campañas de sensibilización y educación sobre la prevención de riesgos, recordando la necesidad de proteger a los más vulnerables.
Durante la vigilia, varios sobrevivientes relataron sus experiencias: "Escuchamos el rugido del volcán y, en minutos, todo se convirtió en lodo. Perdí a mi madre y mi hermano mayor. Omaira representa la infancia que se perdió esa noche".
Los testimonios fueron acompañados por música tradicional andina y la presentación de una exposición fotográfica que muestra la evolución del pueblo desde la reconstrucción hasta la actualidad.
El comité organizador anunció la puesta en marcha de un proyecto educativo para las escuelas de la región, que incluirá la visita a la zona de la antigua Armero y talleres sobre gestión del riesgo, con la intención de que la historia de Omaira sirva como lección permanente.
Con el paso de cuatro décadas, Armero sigue enfrentando desafíos, pero la memoria colectiva y la solidaridad emergen como fuerzas renovadoras que buscan que nunca se repita una tragedia similar.