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04/12/2025 12:31 • SOCIALES • SOCIALES
El cuerpo humano produce una serie de mensajeros químicos, conocidas como hormonas, que regulan funciones vitales como el metabolismo, el sueño, el estado de ánimo y el apetito. Cuando estas sustancias se encuentran en niveles adecuados, el organismo funciona de manera óptima. Por el contrario, desequilibrios pueden desencadenar estrés crónico, alteraciones del apetito y problemas de salud a largo plazo.
Cortisol: conocido como la "hormona del estrés", se libera en respuesta a situaciones demandantes. Niveles elevados de cortisol pueden incrementar la sensación de hambre, especialmente por alimentos ricos en azúcares y grasas.
Leptina: señaliza al cerebro que el cuerpo dispone de suficiente energía almacenada. Cuando la leptina funciona correctamente, disminuye el apetito. La resistencia a la leptina, frecuente en sobrepeso, impide esta señal.
Grelina: estimula el hambre. Sus niveles aumentan antes de comer y disminuyen después de la ingesta. Un exceso de grelina favorece los antojos y el consumo calórico.
Los especialistas recomiendan una combinación de hábitos que favorecen la regulación natural de estas hormonas:
Un estado prolongado de cortisol elevado y resistencia a la leptina puede llevar al aumento de peso, hipertensión, trastornos del sueño y deterioro cognitivo. Además, la alteración del apetito favorece hábitos alimenticios poco saludables, creando un círculo vicioso.
Investigaciones en endocrinología continúan explorando tratamientos que modulen directamente la señalización hormonal, como agonistas de leptina y moduladores de grelina, con el objetivo de ofrecer opciones terapéuticas más precisas para el manejo del estrés y la obesidad.