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15/12/2025 07:02 • SOCIALES • SOCIALES
En 1992 un grupo de pescadores encontró a una orca varada en la playa de San Clemente, Chile. La joven hembra, a la que luego llamaron Kshamenk, fue trasladada a Mundo Marino en la provincia de Buenos Aires, Argentina, donde comenzó una vida en cautiverio que duraría más de tres décadas.
Durante 33 años Kshamenk formó parte de los espectáculos acuáticos del parque, convirtiéndose en una de las principales atracciones para miles de visitantes anuales. Los cuidadores la describieron como un animal de carácter dócil y con una notable capacidad de aprendizaje, capaz de realizar trucos y establecer vínculos estrechos con el personal.
El 12 de diciembre de 2025, los responsables de Mundo Marino anunciaron el fallecimiento de Kshamenk tras una rápida progresión de problemas de salud asociados a su avanzada edad y a afecciones respiratorias. La noticia fue confirmada por la directora del parque, quien manifestó su profunda tristeza y agradeció los años de compañía que la orca brindó al público.
El deceso de Kshamenk reaviva el debate sobre la tenencia de cetáceos en cautiverio. Organizaciones como World Wide Fund for Nature (WWF) y Sea Shepherd han reiterado la necesidad de prohibir el espectáculo con orcas, argumentando que el confinamiento genera estrés, problemas de salud y altera su comportamiento natural.
Las orcas (Orcinus orca), también conocidas como “ballenas asesinas”, son los delfines más grandes del mundo. Pertenecen a la familia de los delfines y pueden alcanzar hasta 9 metros de longitud y pesar más de 6.000 kg. Son depredadores ápice, con dietas que incluyen peces, mamíferos marinos e incluso tiburones.
La vida y muerte de Kshamenk invitan a la sociedad a reflexionar sobre el equilibrio entre la educación ambiental y el bienestar animal. Cada año, millones de personas siguen aprendiendo sobre la importancia de proteger los océanos y sus habitantes, recordando siempre a los individuos que, como Kshamenk, han dejado huella en nuestras conciencias.