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19/12/2025 13:05 • SOCIALES • SOCIALES
En 1913 un grupo de cristianos ortodoxos rusos, mayoritariamente pertenecientes a la rama de los Viejos Creyentes (Old Believers), llegó a Uruguay tras escapar de la represión religiosa en el Imperio Ruso. El gobierno uruguayo, bajo política de inmigración abierta, les otorgó tierras en el departamento de Rivera, donde fundaron el asentamiento que bautizaron como San Javier, en honor a San Jacobo, patrón de los colonos.
Los Old Believers son un sector del cristianismo ortodoxo que se separó del Patriarcado de Moscú después de los reformas litúrgicas de 1652. Su historia está marcada por persecuciones y migraciones, y su llegada a Uruguay representó una búsqueda de libertad religiosa y de un "paraíso terrenal".
Durante las primeras décadas, la comunidad prosperó gracias a la agricultura familiar y al comercio con la vecina Argentina. Se construyó una iglesia ortodoxa de estilo tradicional, casas de madera con techos de tejas rojas y se mantuvieron costumbres como el canto sacramental y la cocina típica rusa.
San Javier preserva hoy más de 30 edificaciones declaradas de interés histórico, entre ellas la iglesia de San Iván, famosa por sus íconos pintados a mano. Cada año, el Festival de la Cultura Rusa atrae a visitantes de todo el país, quienes pueden degustar pelmeni, probar el tradicional kvass y asistir a danzas folklóricas.
En los últimos años, el pueblo ha enfrentado una serie de problemas que convierten la utopía original en un “infierno absurdo”. La despoblación ha reducido la población de 2.518 habitantes (censo 2021) a menos de 2.000 en la actualidad. La falta de oportunidades laborales y la **crisis económica** del sector agropecuario han impulsado la migración de los jóvenes a Montevideo y al exterior.
Los recurrentes períodos de sequía desde 2022 han mermado la producción agrícola, aumentando la vulnerabilidad de los agricultores locales. Sin embargo, iniciativas de turismo rural y proyectos de energía solar están buscando revitalizar la economía del pueblo.
Aunque la comunidad enfrenta retos, San Javier sigue siendo un símbolo de resistencia cultural. Organizaciones locales trabajan en la restauración de la iglesia y en la promoción de rutas turísticas que conecten el patrimonio ruso con la naturaleza del noreste uruguayo, ofreciendo una visión esperanzadora para los descendientes de sus fundadores.