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23/12/2025 12:39 • OTROS • OTROS
En las últimas décadas la comunidad astronómica ha reunido evidencia de que el universo está atravesando una fase de menor formación de estrellas. No se trata de una desaparición total; el número total sigue siendo inmenso, pero el ritmo de nacimientos estelares se ha reducido notablemente.
Las estrellas surgen en gigantescas nubes de gas y polvo, llamadas nebulosas. La gravedad reúne la materia hasta que el núcleo alcanza temperaturas extremas y comienza la fusión nuclear, transformando hidrógeno en helio y liberando energía. En este estado, llamado secuencia principal, se encuentran alrededor del 90% de las estrellas, incluido nuestro Sol.
Un estudio internacional de 2013 concluyó que el 95% de todas las estrellas que alguna vez existirán ya se han formado. El pico de producción estelar ocurrió hace unos 10.000 millones de años, en el llamado Mediodía Cósmico. Desde entonces, análisis de millones de galaxias realizados por el cosmólogo Douglas Scott (Universidad de British Columbia) y su equipo muestran una disminución constante de la temperatura del polvo cósmico, indicio de menos actividad estelar.
Esta tendencia encaja con la teoría de la Gran Helada o muerte térmica del universo. Conforme el espacio se expande, la energía disponible se diluye, dificultando la formación de nuevas estrellas. Las estrellas de baja masa seguirán brillando durante miles de millones de años, mientras que las masivas terminarán en explosivas supernovas, dispersando material que podría reusar en futuras generaciones, aunque cada ciclo reduce el combustible restante.
Los modelos indican que seguirán naciendo estrellas durante los próximos 10 a 100 mil millones de años, incluso después del eventual apagón del Sol. La Gran Helada, sin embargo, se proyecta a ocurrir en un futuro extremadamente distante: aproximadamente un quinvigintillón de años (un 1 seguido de 78 ceros), una escala casi inimaginable.
Aunque el universo no está a punto de quedarse sin luces, la evidencia muestra que está envejeciendo y ralentizando su capacidad de crear nuevas estrellas. La ciencia continúa observando y modelando este proceso, ofreciendo una ventana única para comprender la evolución a gran escala del cosmos.
Fuente: La Nación