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12/01/2026 02:06 • ATUALIDAD • ATUALIDAD
Investigadores internacionales analizaron sedimentos extraídos del talud continental del mar de Amundsen, en el sitio U1532, mediante el buque JOIDES Resolution. El núcleo cubre un intervalo de entre 4,65 y 3,33 millones de años, correspondiente al Plioceno, periodo en que las temperaturas superficiales del mar eran entre 3 y 4 grados superiores a las actuales.
El análisis geoquímico, que incluyó isótopos de estroncio, neodimio y plomo, mostró al menos cinco episodios de gran retroceso de la capa de hielo de la Antártida Occidental. Cada evento quedó registrado en capas de lodo verde con alta productividad biológica, señal de aguas abiertas y temperaturas cálidas, y en capas de arcilla gris laminada, indicativo de condiciones glaciales.
Durante los máximos cálidos, los glaciares se retiraron cientos de kilómetros tierra adentro, desprendiendo iceberg que transportaron rocas del interior profundo, como las de la zona Ellsworth?Whitmore, hasta más de 500 km de la costa. Al volver a crecer, el hielo empujó los sedimentos acumulados hacia el talud profundo, donde quedaron preservados.
Los científicos emplearon paleomagnetismo para asignar fechas a las capas, aprovechando los reveses periódicos del campo magnético terrestre. La combinación de estas fechas con los registros isotópicos permitió ubicar con precisión los cinco retrocesos dentro del intervalo Plioceno.
El estudio subraya que la zona del mar de Amundsen, que incluye los glaciares Thwaites y Pine Island, es extremadamente sensible al ingreso de aguas oceánicas cálidas. La pérdida de estos glaciares podría aportar hasta 65 centímetros al nivel global del mar, y un colapso total elevaría varios metros, amenazando costas de todo el planeta.
Además, los niveles de dióxido de carbono durante el Plioceno eran solo ligeramente superiores a los actuales, lo que sugiere que el planeta ya está cerca del umbral térmico que desencadenó los retrocesos pasados.
Los autores recomiendan reforzar la vigilancia de la temperatura del agua y del aire en la región antártica, y mejorar los modelos climáticos que integren la dinámica de estos glaciares vulnerables. La evidencia geológica muestra que el deshielo masivo no es solo una hipótesis futura, sino un proceso que ha ocurrido repetidamente en la historia de la Tierra.