Imago Noticias
María Belén Ludueña responde con contundencia a críticas por su embarazo a los 40
Martín Salwe sorprendido y triste por el inesperado video con Nenu López y Grego Rosello
Abel Pintos lidera la tercera luna del Festival de Cosquín 2026 entre música y tensión política
Fallece la turista Silvana Garibaldi tras golpearse la cabeza en la Cascada Frey de Bariloche
Jorge Pascual Recabarren explica su cachet de 2,5?millones en la Fiesta del Carrerito
31/01/2026 19:22 • SALUD • SALUD
El Parkinson afecta a más de 10 millones de personas en el mundo y se prevé que su prevalencia se duplique para 2050. Actualmente el diagnóstico se realiza cuando ya está dañada entre el 50?% y el 80?% de las neuronas dopaminérgicas, lo que limita la efectividad de los tratamientos.
Publicado en la revista npj Parkinson’s Disease el 31 de enero de 2026, el trabajo analizó muestras de sangre de tres grupos: personas sanas, pacientes diagnosticados y sujetos en la fase “silenciosa” o prodrómica del trastorno. Se siguieron a los participantes durante tres años, tomando sangre en los meses 0, 12, 24 y 36.
Los investigadores detectaron alteraciones significativas en los genes encargados de reparar el ADN y de manejar el estrés celular. Los más relevantes fueron ERCC6, PRIMPOL, NEIL2 y NTHL1. En la fase prodrómica, entre el 50?% de los genes de reparación del ADN y el 74?% de los genes de respuesta al estrés mostraron patrones no lineales, indicando una lucha intensiva pero temporal del organismo por corregir el daño.
Se emplearon técnicas de inteligencia artificial y modelado estadístico para identificar un “firmamento” de actividad génica que distinguía claramente a los sujetos prodrómicos de los sanos, con una precisión superior al 90?% en algunos momentos de la evaluación. En contraste, diferenciar a pacientes con Parkinson avanzado de personas sanas resultó mucho menos preciso, reforzando la idea de que los biomarcadores aparecen antes del daño neuronal visible.
Si bien los resultados aún requieren validación en cohortes más amplias, abren la posibilidad de desarrollar pruebas de sangre simples y económicas para detectar la enfermedad en su fase incipiente. Eso permitiría iniciar terapias neuroprotectoras mucho antes de que el cerebro sufra daño irreversible.
Los autores estiman que, en un horizonte de cinco años, estas pruebas podrían comenzar a evaluarse en entornos de atención médica. Además, el hallazgo sugiere nuevas vías para el desarrollo de fármacos que refuercen la reparación del ADN o modulen la respuesta al estrés celular.
El proyecto contó con el apoyo de Chalmers Health Engineering Area of Advance (Suecia), la Michael J.?Fox Foundation, el Research Council of Norway, NAISS (Su Suecia) y el Swedish Research Council.
Fuente: Infobae