15/02/2026 13:07 • Tecnologia
El telescopio espacial más potente de la historia capturó impresionantes imágenes de NGC 346, una región donde nacen estrellas y planetas. Las fotografías muestran la dramática diferencia térmica entre zonas de gas a 10.000°C y otras a -200°C, revelando los procesos que dan origen a nuevos sistemas solares.
Una ventana al nacimiento del universo
El telescopio espacial
James Webb ha vuelto a sorprender a la comunidad científica internacional con una captura espectacular de
NGC 346, una de las regiones de formación estelar más activas conocidas por la astronomía moderna. Esta imagen, difundida el
14 de febrero de 2026, permite observar con un nivel de detalle sin precedentes cómo nacen las estrellas y los sistemas planetarios.
¿Qué es NGC 346?
NGC 346 es un
cúmulo estelar ubicado dentro de una nebulosa, esa inmensa nube de gas y polvo interestelar donde se gestan nuevos soles. En estos entornos, el
hidrógeno y otros materiales cósmicos se agrupan por efecto de la gravedad hasta alcanzar las condiciones necesarias para desencadenar reacciones nucleares que dan origen a nuevas estrellas.
Esta región funciona como una auténtica
incubadora estelar, un concepto astronómico que describe zonas del espacio donde la concentración de gas y polvo permite la formación masiva de estrellas en períodos relativamente cortos de tiempo cósmico.
Los detalles que revela la imagen
La fotografía capturada por el James Webb muestra una fascinante variedad cromática que no es meramente estética: cada color representa diferentes condiciones físicas del material interestelar.
Las
zonas de tonalidad rosada corresponden a hidrógeno que ha sido energizado por la radiación de estrellas jóvenes cercanas, alcanzando temperaturas de hasta
10.000 grados Celsius. Por otro lado, las
regiones anaranjadas representan hidrógeno más denso y frío, con temperaturas cercanas a los
-200 grados Celsius.
Esta dramática diferencia térmica de más de 10.000 grados permite a los astrónomos identificar con precisión qué áreas están siendo calentadas activamente por la radiación estelar y cuáles permanecen como reservorios de material frío listo para colapsar y formar nuevas estrellas.
Por qué el James Webb es único para estas observaciones
El telescopio espacial James Webb representa uno de los mayores logros de la ingeniería espacial moderna. Desarrollado en colaboración entre la
NASA, la
Agencia Espacial Europea (ESA) y la
Agencia Espacial Canadiense (CSA), fue específicamente diseñado para observar el universo en el
rango infrarrojo del espectro electromagnético.
Esta capacidad es fundamental porque permite atravesar las densas nubes de polvo que bloquean la luz visible, revelando estructuras internas de regiones donde se gestan estrellas que serían completamente invisibles para telescopios ópticos convencionales.
La importancia científica del descubrimiento
Las llamadas incubadoras estelares son fundamentales para comprender la evolución de las galaxias. En estos entornos, el
colapso gravitatorio del gas da lugar a nuevas generaciones de estrellas que posteriormente influyen en su entorno mediante radiación, vientos estelares y, eventualmente, explosiones de supernova.
Las observaciones de NGC 346 permiten estudiar cómo interactúan el polvo, el gas y la radiación en distintas etapas del proceso de formación estelar. Esta información es crucial para reconstruir cómo pudieron haberse formado estructuras similares en otras regiones del universo, incluyendo nuestro propio sistema solar.
Contexto adicional sobre el James Webb
Lanzado el
25 de diciembre de 2021, el James Webb se posicionó en el
punto de Lagrange L2, a aproximadamente 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, donde puede observar el cosmos sin interferencias de la luz solar directa. Su espejo primario de
6,5 metros de diámetro lo convierte en el telescopio espacial más grande jamás construido.
Desde su entrada en operación científica, ha revolucionado nuestra comprensión del universo temprano, la atmósfera de exoplanetas y los procesos de formación estelar, demostrando ser una herramienta invaluable para la astronomía del siglo XXI.
Fuente:
TN