El 30,6% de las personas entre 55 y 75 años sufre dolor crónico. Expertos revelan que mantenerse activo estimula la producción de sustancias antiinflamatorias endógenas, ofreciendo una esperanza real para millones de afectados que buscan recuperar calidad de vida.
Un problema que afecta a millones de personas
El envejecimiento trae consigo cambios naturales en nuestro cuerpo, y entre los más comunes se encuentran los dolores articulares. Según el
Barómetro del Dolor 2023, elaborado por la
Fundación Grünenthal y el
Observatorio del Dolor de la Universidad de Cádiz, el
30,6% de las personas entre 55 y 75 años sufre dolor crónico en España. Esta cifra desciende al
25% en el grupo de 75 a 85 años.
Las causas diagnósticas más habituales del dolor crónico en la población general incluyen el
dolor lumbar, las
contracturas musculares, el
dolor cervical y la
artrosis. Sin embargo, entre los 55 y 75 años, las causas principales son la
degeneración de las articulaciones, la
estructura ósea y el
mal funcionamiento muscular, según explicó a
La Vanguardia la anestesióloga
Marta Ferrándiz, presidenta de la
Sociedad Catalana del Dolor.
¿Qué dolencias articulares son más frecuentes en mayores de 60 años?
El
Dr. Jose Alfredo Gómez Puerta, jefe del Servicio de Reumatología del
Hospital Clínic de Barcelona, detalla un panorama completo de las dolencias más comunes:
- Patologías degenerativas: tendinopatías, artrosis y otras condiciones relacionadas con el desgaste natural de las articulaciones.
- Procesos inflamatorios: artritis reumatoide, espondiloartropatías y otras enfermedades autoinmunes.
- Artritis microcristalinas: como la gota, que puede provocar brotes agudos de dolor articular o dolores crónicos.
- Dolores por fracturas: de cadera, tibia, fémur y otros huesos frecuentes en esta etapa de la vida.
- Síndromes de sensibilización central: como la fibromialgia, que afecta principalmente a mujeres y presenta cuadros de dolor crónico osteoarticular y de tejidos blandos.
El testimonio de quien vive con dolor crónico
Montse Enríquez, de
72 años, jubilada y abuela de dos nietos pequeños, describe con elocuencia su día a día:
"Cuando me levanto del sofá parezco una tortuga, estoy rígida y voy coja hasta la cocina. Después poco a poco logro equilibrio".
Montse sufre de
rizartrosis (artrosis del pulgar),
trocanteritis (inflamación de la parte externa de la cadera) y problemas de menisco en las rodillas, además de
osteoporosis.
"Antes me podía agachar sin problema. Ahora, si tengo que ordenar los cajones de la cocina de la parte de abajo, tengo que sentarme en un taburete", explica con realismo pero sin perder la esperanza.
La ciencia detrás del envejecimiento articular
La
Clara Bergé, fisioterapeuta y vocal de la Junta del
Colegio de Fisioterapeutas de Catalunya, ofrece una explicación clara:
"Los cambios degenerativos normales en los tejidos articulares que ocurren con el envejecimiento pueden ser el desgaste del cartílago de la rodilla, los meniscos, o los abombamientos de los discos intervertebrales. Son comparables a las canas o las arrugas, es decir, procesos naturales del envejecimiento".
Entre los factores que contribuyen a estos dolores se encuentran:
- Sarcopenia: pérdida de masa muscular relacionada con la edad.
- Patologías metabólicas: como diabetes e hiperuricemia, que favorecen la aparición de problemas articulares.
- Deterioro de estructuras periarticulares: los tejidos que rodean las articulaciones también envejecen.
El hallazgo esperanzador: el movimiento como medicina
Una de las revelaciones más importantes de esta investigación es que
el movimiento activa los mecanismos naturales de alivio del dolor. La
Dra. Carme Batet, anestesióloga especialista en tratamiento del dolor y coordinadora de la Unidad de Dolor del
Consorci Sanitari Integral, lo explica con claridad:
"La movilización hace que nuestro cerebro segregue sustancias antiinflamatorias. Hay ejercicios que ayudan a controlar y soportar mejor el dolor como son los estiramientos, los ejercicios en el agua, el pilates suave, el taichí..."
El
taichí resulta especialmente recomendable para personas mayores:
"Esta técnica no requiere tumbarse en el suelo, estás de pie o incluso sentado a la vez que estiras, coordinas la respiración y mejoras el equilibrio, tanto físico como emocional. Ayuda a poner el cuerpo en su sitio. Es una técnica muy fácil, que pueden hacer personas mayores o con algún tipo de impedimento", añade la Dra. Batet.
¿Qué hacer ante una crisis de dolor?
Las fisioterapeuta Clara Bergé ofrece consejos prácticos:
- Mantener la calma: el dolor debería disminuir después de 24-48 horas.
- Consultar al médico de atención primaria: para evaluar posibles derivaciones a especialistas.
- Evitar el reposo prolongado: después de las primeras 48 horas, mantenerse activo en la medida de lo posible.
- No automedicarse: seguir siempre las indicaciones médicas.
Prevención: la mejor estrategia
El
Dr. Gómez Puerta resume las claves preventivas más importantes:
- Evitar el sobrepeso: cada kilo extra carga las articulaciones.
- Ejercicio periódico: especialmente de fuerza y resistencia muscular.
- Evitar el tabaquismo: afecta negativamente la salud ósea y muscular.
- Descartar medicinas alternativas no probadas: pueden ser ineficaces o incluso perjudiciales.
La fisioterapeuta Bergé agrega la importancia de
evitar la conducta sedentaria, mantener una
adecuada higiene del sueño (ya que no dormir bien influye negativamente en cualquier proceso inflamatorio) y cuidar la
alimentación.
¿Qué hay de los suplementos como colágeno, magnesio o silicio?
El
Dr. Jordi Mestres, médico de familia y vocal de la
Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria, es claro:
"Si una persona tiene una dieta equilibrada, la suplementación es innecesaria en términos generales".
El Dr. Gómez Puerta añade cautela:
"La evidencia científica es muy limitada y no hay estudios lo suficientemente sólidos que comprueben que estos productos suplementarios cambien el curso de la enfermedad. La respuesta es muy discreta y siempre es mejor consultar al médico de familia o al reumatólogo".
Un mensaje de esperanza
Aunque los dolores articulares no representan un riesgo para la vida,
sí afectan significativamente la calidad de vida. Sin embargo, el mensaje de los expertos es claro y esperanzador:
hay mucho que se puede hacer. La combinación de actividad física adaptada, tratamiento médico adecuado y hábitos de vida saludables permite a millones de personas mantener una vida activa y plena a cualquier edad.
Como demuestra Montse con su ejemplo cotidiano, los dolores articulares pueden complicar el día a día, pero
no tienen por qué impedir ninguna actividad. Con las herramientas adecuadas y el acompañamiento profesional correcto, es posible enfrentar el envejecimiento con optimismo y vitalidad.
Fuente: Clarín / La Vanguardia