Un hallazgo paleontológico acaba de conectar la historia natural con uno de los monumentos más icónicos del mundo. Investigadores internacionales descubrieron el fósil de una especie extinta de cocodrilo, bautizada como Herugavialis cairensis, en las mismas formaciones rocosas que fueron utilizadas para esculpir la Gran Esfinge en Egipto.
Este animal, que habitó la región hace aproximadamente 45 millones de años, presenta una curiosa coincidencia visual: la falta de punta en su hocico, un rasgo que recuerda a la morfología del famoso monumento. El descubrimiento no es solo una anécdota estética, sino un salto evolutionary clave.
El equipo, liderado por el doctor Paul Burke del Museo Sueco de Historia Natural en Estocolmo, utilizó tomografía computarizada para analizar la pieza. Gracias a esta tecnología, pudieron diferenciarlo de otros fósiles hallados en la Formación Mokattam y reclasificarlo como una rama totalmente nueva en el árbol genealógico de los gaviales.
El nombre del reptil rinde homenaje a Heru (u Horus), el dios halcón de la mitología egipcia. El hallazgo confirma que, en aquella era, Egipto estaba cubierto por entornos marinos poco profundos que permitieron la proliferación de diversas especies de cocodrilianos, los cuales tuvieron que adaptarse a drásticos cambios en la temperatura global y el nivel del mar.
Este descubrimiento permite a los científicos desentrañar mejor la historia de los gaviales, que hoy en día solo sobreviven en agua dulce del Asia tropical, pero que hace millones de años dominaron casi todo el planeta.
Fuente: IMAGO