El regreso del Milei más combativo: "Vamos por más" y críticas a los que piden cautela
El mandatario interrumpió su repliegue en Olivos para reaparecer con su estilo más duro: discurso sin restricciones, ataques a economistas y periodistas, y una promesa que genera dudas en su propio gabinete.
Javier Milei volvió a escena. Después de 10 días de aislamiento en la residencia de Olivos, el Presidente eligió reforzar su relato en lugar de bajar el tono. No conforme con eso, redobló su apuesta: arremetió contra los que piden empatía social, tildó de "mierda humana" a columnistas y destacó el desempeño de Federico Sturzenegger, el ministro que el núcleo político quería alinear.
La gira de esta semana lo llevó al Council of the Americas y a Rosario, por el 142° aniversario de la Bolsa de Comercio. A lo largo de sus 90 minutos de discurso, Milei no mencionó las encuestas que, según analistas, muestran un creciente malhumor. En cambio, el Presidente se presentó como el mismo outsider que llegó a la Casa Rosada: con un guion casi apostólico, y una fe que no acepta matices.

Imagen de referencia de un político en un atril
Morosidad: la batalla por el relato
Uno de los momentos de mayor tensión fue cuando Milei decidió negar la gravedad del aumento de la morosidad de las familias argentinas. Con datos del BCRA, se informó que la mora llegó a 12,7% en junio 2026, marcando un récord, y que más de 5,8 millones de personas están en esa situación.
"Nadie les puso una pistola en la cabeza", deslizó el mandatario, para luego argumentar que el problema eran las malas decisiones individuales, y hasta el ejemplo de la compra de televisores durante el Mundial. Un descargo que contrasta con la realidad que viven miles de familias que perdieron el empleo o vieron reducidos sus ingresos en el último año.
📊 Para dimensionar la deuda familiar
- 12,7% de morosidad en préstamos personales (Récord desde el 2,5% de 2024)
- 5,8 millones de personas no pueden cumplir con sus compromisos de pago
- Las familias destinan 30% de sus ingresos al pago de deudas.
A pesar de estas cifras, el Presidente insistió con que "la economía está volando". Las estadísticas del Indec, en cambio, muestran una realidad contrastante: el desempleo pasó de 5,7% a 7,8% bajo su gestión, y en lo que va del mandato se registran 30.633 empresas menos que al inicio. Un universo que no coincide con la postal de prosperidad que el Gobierno intenta mostrar.
La política como un viaje bíblico
La referencia a Moisés en esta ocasión fue particular: Milei se comparó con el libertador que guió a su pueblo en el desierto, pero que también dudó ante el lamento. "Si se levantaba temprano, si se levantaba tarde, todo era motivo de crítica", dijo en un supuesto paralelismo entre las dificultades de su gestión y las de la historia bíblica.
La elección de esa alegoría no fue casual. Su equipo político - con su hermana Karina a la cabeza - diseñó una estrategia para intentar reconectar con la clase media, que hoy siente el impacto del ajuste. El acto del 17 de agosto fue un intento de mostrar un Milei más reflexivo, pero la imagen que se difundió y los movimientos con gestos de dureza lo llevaron a decidir que no iba a sostener esa línea.
Así, el miércoles en el Hotel Alvear (Cumbre Council of the Americas) y el viernes en Rosario volvió a mostrarse el "Milei furioso". Ese mismo que desafía a sus propias filas: "No estoy para gobernar mirando encuestas", le habría dicho a un colaborador. Y así lo reflejó al ser consultado sobre el malhumor: "Yo no soy Macri".
La escena detrás de la reaparición: el teléfono que no paraba de sonar
Otro dato de color que aportó el discurso fue sobre el ministro Sturzenegger. A quién no despertó con quejas sobre la gestión:
"Días atrás me empieza a estallar el teléfono y eran todas quejas, y yo, cuando leí las quejas, lo primero que dije es: conozco quién es la contraparte de esas quejas. ¡Qué buen trabajo está haciendo!", exclamó.
Milei también reavivó su confrontación directa con los periodistas. En los últimos días, sumó casi 200 mensajes agresivos en redes sociales. Su ojo también puso en Marcelo Bonelli (a quien denominó "mierda humana mal cagada"), en Manu Jove y en el columnista de La Nación, Nelson Castro. Un estilo que al parecer no piensa abandonar.
Al grito de "¡Vamos por más!", su estrategia es clara: revalidar el núcleo duro que lo apoya sin concesiones al centro electoral. Ese desafío a las bases de la política tradicional y al "qué dirán" es la carta que redobla en cada crisis. Sin embargo, varios analistas alertan que el mismo camino lo puede llevar a un callejón sin salida.
Mundo paralelo: los datos que contradicen al optimismo
Mientras Milei habla de un fuerte crecimiento, distintos actores del mercado observan con recelo el panorama. El riesgo país argentino creció 100 puntos en dos semanas (cayó el viernes a 506 unidades, pero sucede luego de 13 subas consecutivas), y las emisiones locales castigaron los bonos de deuda soberana. El presidente de una de las empresas más poderosas del país, Roberto Urquía, contó públicamente que "los sueldos no alcanzan para cubrir la mitad del mes".
El encuestador Facundo Nejamkis, con datos de su consultora, fue elocuente: 75% de los consultados no hizo un gasto de placer en el último mes, 48% no llega a fin de mes, y el 63% considera que el Gobierno es el responsable de la situación actual.
La recompensa y el costo de la apuesta
La lectura de su equipo es que este estilo funciona: parece que para Milei la única realidad válida es la suya. La prueba es que insistió, una vez más, en que la inflación minorista empiece con "0" en agosto. pero la promesa que había formulado en marzo se al ya hoy con un dígito del 2,1% según el Indec.
Como suele ocurrir, en esa estrategia comunicacional también se incluyen gestos potentes. El ataque a José de Mendiguren (exsecretario de Industria) o la petición de que la gente lo insulte en la calle no es algo que se escuche a diario en la democracia argentina. Y las críticas se amplificaron sobre un tema que él mismo elegir puso en el centro del debate: la despenalización del aborto. Milei la responsabilizó de la caída de la natalidad, pero ese discurso choca con los datos reales y la realidad demográfica del país.
Un presidente “único” para un momento crítico
Se abre entonces el interrogante que él mismo deja a la sociedad: ¿Hasta cuándo es sustentable un plan de ajuste que no muestra -o que sí muestra pero no se percibe- una salida? La deuda de imagen parece ser un costo que asume. Mientras tanto, los que lo acompañan en el Gobierno transmiten señales contradictorias: los capos de los medios y los laços más equilibristas prefieren mostrar un líder que escucha, pero la realidad evidente es que el Presidente parece sordo de lo que no se alinea con su objetivo.
En el medio de todo esto, un Cerimedo detenido en Bolivia: su ex asesor de campaña acusado de intentar matar a su pareja. Milei lo defendió con retuiteos (y hasta sugirió que era un agente del castrochavismo). En su discurso más solitario, esa es la forma de alimentar la misma base que lo mira como en épocas de campaña.
La pregunta que sigue abierta: ¿la sociedad argentina seguirá aceptando estas reglas o su propio estilo terminará por cansar a los que alguna vez los vieron como un outsida?