Un grupo de obreros que renovaba una casa en Dendermonde, Bélgica, encontró un cofre con lingotes y monedas de oro valorados en unos 9 millones de euros. El hallazgo, ocurrido a principios de agosto de 2026, desató un debate sobre la propiedad del botín y la identidad de su misterioso dueño original: una familia de cerveceros sin herederos.

Un tesoro escondido durante casi un siglo

Lo que comenzó como una simple obra de renovación de tuberías en una vivienda del este de Flandes se convirtió en uno de los descubrimientos más sorprendentes del año. Los trabajadores, mientras perforaban los cimientos del sótano, se toparon con un cofre repleto de lingotes y cientos de monedas de oro, cuyo valor estimado ronda los 9 millones de euros (unos 10,4 millones de dólares).

El hallazgo se produjo a principios de esta semana en la localidad de Dendermonde, de unos 47.000 habitantes, en la provincia de Flandes Oriental. La propiedad pertenece actualmente a CAW Oost-Vlaanderen, una organización benéfica que brinda servicios de asistencia social en la zona.

La reacción de los obreros: "Eso sería un robo"

Entre los trabajadores se encontraba Kobe, un estudiante de 18 años empleado durante el verano. En declaraciones a la emisora pública belga VRT, relató: "Nuestra primera reacción fue de incredulidad y asombro. Al principio pensé que eran monedas de 1 euro, pero luego vimos una pepita de oro y nos dimos cuenta de que era algo más grande".

El encargado de la obra, Mario, fue contundente al explicar por qué no intentaron quedarse con el botín: "Hay tantas monedas y lingotes que sería casi imposible ocultarlo. Además, eso sería un robo". Kobe coincidió: "9 millones de euros: eso simplemente no se puede ocultar".

Inmediatamente alertaron a la policía local, que se hizo cargo del tesoro y lo trasladó a una caja fuerte de alta seguridad dependiente del Gobierno federal belga.

La pista histórica: la familia Van Assche

El misterio sobre el dueño original comenzó a develarse gracias al historiador y exalcalde de Dendermonde, Piet Buyse, quien señaló a la cadena VRT que el tesoro pertenecería a la familia Van Assche, una de las más acaudaladas de la zona, con negocios cerveceros, de hostelería e inmobiliarios.

Según Buyse, Theofiel Van Assche tuvo tres hijos que nunca se casaron ni dejaron descendencia. Tras su muerte, la casa fue donada a los sacerdotes y, en 1982, pasó a la Abadía de Dendermonde. "Probablemente nadie sabía que también había oro en ella", afirmó el historiador.

El tesoro habría sido escondido después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la familia ya había amasado una gran fortuna y decidió convertir parte de ella en oro como valor refugio, una práctica común tras el crack de 1929.

¿Quién se queda con el botín? La ley belga tiene la respuesta

El destino del tesoro dependerá de un proceso legal que podría extenderse hasta cinco años. Según la legislación belga, el legítimo propietario tiene ese plazo para reclamarlo. La Fiscalía de Flandes Oriental ya inició una investigación para determinar su procedencia exacta.

Si nadie se presenta, la ley civil establece que el tesoro escondido en una propiedad ajena se divide en partes iguales entre quien lo encuentra y el dueño del inmueble. Sin embargo, esta regla solo aplica si no se demuestra que el botín está vinculado a actividades delictivas.

La organización benéfica CAW Oost-Vlaanderen, propietaria del edificio, ya manifestó su deseo de destinar el dinero a financiar centros de acogida y servicios para personas sin hogar, en caso de que se le adjudique legalmente.

Curiosos y cazatesoros: la policía pide prudencia

La noticia atrajo a decenas de curiosos a las inmediaciones del edificio, algunos incluso con la intención de buscar más oro. La policía local tuvo que salir a desmentir cualquier posibilidad de hallazgos adicionales: "La propiedad ya ha sido peinada por completo y el tesoro fue trasladado a un lugar seguro. No queda nada por encontrar", declaró un portavoz.

El cuerpo policial, que incluso actualizó su foto de perfil en Facebook con una moneda de oro, expresó su esperanza de que el descubrimiento "termine en el lugar correcto y cambie la vida de las personas".

El caso, que combina historia, misterio y una buena dosis de suerte, mantiene en vilo a toda Bélgica mientras se resuelve la intrincada cuestión de la propiedad de un tesoro que permaneció oculto durante décadas.