Mientras el mundo conmemora el 81 aniversario de los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, Japón enfrenta una contradicción histórica: honrar a las víctimas mientras su gobierno debate flexibilizar los principios antinucleares ante la presión de China y la incertidumbre sobre el paraguas de seguridad de Estados Unidos.

Un aniversario marcado por la memoria y la controversia

El 6 y 9 de agosto de 2026, el mundo recordó el 81° aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, los únicos ataques nucleares de la historia contra población civil. Las ceremonias, que este año contaron con la participación de cerca de 50.000 personas en Hiroshima y representantes de más de 120 países, se vieron teñidas por un intenso debate interno en Japón sobre su futura política de defensa nuclear.

El 6 de agosto, a las 8:15 am (hora local), el momento exacto en que el bombardero estadounidense Enola Gay lanzó la bomba de uranio Little Boy sobre Hiroshima, se guardó un minuto de silencio. El alcalde de la ciudad, Kazumi Matsui, volvió a cuestionar la validez de la disuasión nuclear como garantía de seguridad. El 9 de agosto fue el turno de Nagasaki, donde la bomba de plutonio Fat Man causó una devastación similar.

El giro político: ¿hacia una revisión de los 'Tres Principios No Nucleares'?

El aniversario coincide con un momento de profunda reflexión en Tokio. La primera ministra Sanae Takaichi evitó pronunciarse claramente sobre el futuro del compromiso antinuclear del país, mientras que el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, instó a un "diálogo sin tabúes" sobre la cuestión. Esta ambigüedad generó preocupación tanto en la sociedad japonesa como en los hibakusha (supervivientes).

Según medios como NHK y Asahi Shimbun, un alto funcionario del gobierno sugirió en una reunión informal que Japón debería considerar la posibilidad de poseer armas nucleares, lo que desató indignación pública. El debate se centra en la posible revisión de los "Tres Principios No Nucleares" (no poseer, no producir y no permitir la entrada de armas nucleares en territorio japonés), vigentes desde 1967. Hirofumi Yoshimura, líder del Partido de la Innovación de Japón, abrió la puerta a debatir el principio que prohíbe "permitir su entrada", en el marco de la alianza con Estados Unidos.

Beijing, por su parte, acusó a Tokio de "nuevo militarismo", en un contexto de crecientes tensiones regionales y movimientos militares chinos. La presión por reforzar la disuasión frente a China choca con la memoria histórica de un país que sufrió en carne propia el horror nuclear.

El testimonio de Philip Morrison: "Nunca pensamos en no lanzarla"

En este contexto, resurge el testimonio del físico estadounidense Philip Morrison, quien tuvo un papel clave en el Proyecto Manhattan y ayudó a ensamblar la bomba Fat Man en la isla de Tinián. En una entrevista con la BBC en 1975, Morrison reflexionó sobre el dilema moral de los científicos: "No fue por falta de preocupación por la humanidad, sino por esa preocupación. Quizás ese fue el pecado".

Morrison, que llevó el núcleo de plutonio en su regazo rumbo a la prueba Trinity el 16 de julio de 1945, lideró un grupo de jóvenes físicos que abogaban por una demostración pública de la bomba antes de su uso en Japón. Sin embargo, admitió: "Nunca pensé en abandonar el proyecto", y reveló que se planearon más bombardeos durante un año si era necesario. "Conocíamos los efectos intelectualmente, pero la diferencia entre las cifras y ver la realidad viva de la muerte es enorme. Lo sabíamos, pero no lo sentíamos", confesó.

Morrison creía que el presidente Franklin D. Roosevelt, fallecido en abril de 1945, era la única persona con el prestigio para frenar el impulso nuclear, y que la decisión de lanzar dos bombas consecutivas "marcó" al sucesor Harry S. Truman, quien se enteró del proyecto recién al asumir el cargo.

Nihon Hidankyō: 70 años de lucha por la abolición nuclear

En paralelo, la Confederación Japonesa de Organizaciones de Víctimas de las Bombas Atómica y de Hidrógeno (Nihon Hidankyō), galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2024, celebró el 10 de agosto de 2026 su 70° aniversario. La organización, única a nivel nacional que representa a los hibakusha, unifica a los sobrevivientes bajo la premisa de "salvar a la humanidad de la crisis a través de sus vivencias".

La historia de Iwasa Mikisō, quien falleció en 2020 a los 91 años, ejemplifica el espíritu de la lucha. Con 16 años, Iwasa sobrevivió al bombardeo de Hiroshima a 1,2 kilómetros del hipocentro, pero perdió a su madre, atrapada entre los escombros. "Huye rápido", le suplicó ella antes de que él escapara, prometiéndole volver pronto. Días después, tuvo que incinerar su cuerpo. Este trauma lo impulsó a dedicar su vida a la causa: "No quiero que nadie vuelva a pasar por una muerte como la de mi madre o mi hermana".

La organización enfrenta un futuro incierto: hasta marzo de 2026, solo quedaban reconocidos 91.000 supervivientes con una edad media de 86,7 años. Satoshi Tanaka, de 82 años y superviviente de Hiroshima, expresó su escepticismo ante el giro político: "Se habla mucho de seguridad nacional. ¿Qué hay de construir la paz a través de la diplomacia?"

Claves del debate nuclear en Japón
  • • Los Tres Principios No Nucleares: vigentes desde 1967, prohíben poseer, producir o permitir la entrada de armas nucleares en Japón.
  • • El paraguas nuclear de EE.UU.: Japón depende de la capacidad nuclear estadounidense para su seguridad, una paradoja que genera un dilema ético y estratégico.
  • • Presión china: Beijing acusa a Tokio de "nuevo militarismo" y la tensión regional alimenta el debate sobre la disuasión.
  • • El factor hibakusha: los supervivientes, con una edad media de 86,7 años, son la voz más influyente del pacifismo japonés, pero su número se reduce rápidamente.

Fuentes: BBC Mundo, La Nación, Infobae, Rebelión, Nippon.com