En los parques de Pekín, un fenómeno cultural persiste: grupos de personas, en su mayoría mayores, se reúnen para cantar himnos y canciones revolucionarias en honor a Mao Zedong. Según informó Le Monde, esta práctica, que combina nostalgia y tradición, sigue viva en la capital china, atrayendo tanto a veteranos como a curiosos.

En los parques de Pekín, un ritual cotidiano se repite al amanecer: decenas de personas, muchas de ellas de la generación que vivió la Revolución Cultural, se congregan para entonar canciones que exaltan la figura de Mao Zedong. Según informó el diario francés Le Monde el 9 de septiembre de 2026, esta práctica, lejos de desaparecer, se ha convertido en un símbolo de resistencia cultural y memoria histórica.

Los coros, que pueden reunir desde unas pocas personas hasta más de un centenar, interpretan himnos como El Este es Rojo o Sin el Partido Comunista, no habría Nueva China. Muchos de los participantes llevan insignias con el rostro del líder y visten prendas de estilo militar, evocando épocas pasadas. La mayoría son jubilados que encontraron en estos encuentros un espacio de socialización y pertenencia.

El fenómeno no es nuevo, pero ha cobrado renovada atención en 2026, en un contexto donde el gobierno chino promueve un mayor control sobre la narrativa histórica. Según Le Monde, las autoridades locales no solo toleran estas reuniones, sino que en algunos casos las facilitan, al considerarlas una expresión de patriotismo y estabilidad social.

Sin embargo, también hay voces críticas que señalan que estas canciones idealizan un período histórico complejo, marcado por la violencia y el sufrimiento. Aun así, para los participantes, se trata de mantener viva una memoria que consideran auténtica y valiosa.

El artículo de Le Monde destaca que, en un país que avanza rápidamente hacia la modernización, estos coros representan una conexión tangible con el pasado. Para muchos, cantar a Mao es también una forma de reafirmar una identidad que sienten amenazada por los cambios sociales y económicos.

La práctica se extiende más allá de Pekín, con coros similares en otras ciudades como Shanghái o Cantón, aunque en la capital adquiere un significado especial por su cercanía al poder político. Los encuentros suelen terminar con consignas como ¡Larga vida al pensamiento de Mao Zedong!, seguidas de aplausos y abrazos entre los asistentes.

Este fenómeno, documentado por medios internacionales, invita a reflexionar sobre cómo las sociedades gestionan su memoria histórica y qué lugar ocupan las figuras del pasado en el imaginario colectivo. Mientras tanto, en los parques de Pekín, las voces siguen alzándose cada mañana, recordando que la historia, aunque reinterpretada, nunca se olvida por completo.

Fuente: Le Monde