Un estudio de la Universidad de Texas A&M reveló que el hábito de desplazarse obsesivamente por noticias negativas durante la jornada laboral no solo consume tiempo, sino que deja a los empleados atrapados en pensamientos repetitivos que reducen su implicación con las tareas. La investigación, publicada en Computers in Human Behavior, ofrece claves para recuperar el foco.

El costo oculto del doomscrolling en la oficina

El doomscrolling —el acto de desplazarse de forma obsesiva por redes sociales consumiendo información negativa o perturbadora— se ha convertido en un hábito cotidiano para millones de personas. Pero cuando ocurre durante el horario laboral, sus efectos van más allá de la simple pérdida de tiempo. Una investigación liderada por Ian Hughes, profesor adjunto del Departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro de la Universidad de Texas A&M, determinó que esa exposición constante a malas noticias deja a los empleados “atrapados en pensamientos repetitivos” que reducen su implicación laboral, incluso después de apartar la vista de la pantalla.

El estudio, publicado en la revista especializada Computers in Human Behavior, abarcó dos sub-estudios con trabajadores de Estados Unidos y Reino Unido. En ambos casos, quienes practicaban doomscrolling durante la jornada mostraban una mayor tendencia a rumiar el contenido negativo que acababan de leer, y esa rumiación se vinculó directamente con una menor conexión con sus tareas.

El efecto según la personalidad

La investigación identificó que la relación era especialmente intensa entre personas con niveles más altos de neuroticismo, un rasgo de personalidad asociado con ansiedad y preocupación. Estas personas tienden a procesar la información negativa de manera más profunda, lo que agrava el impacto en su desempeño laboral.

¿Por qué lo hacemos?

Hughes explicó que el doomscrolling no surge de un deseo de sentirse mal, sino de una búsqueda de calmar la ansiedad en contextos de incertidumbre. Durante una pandemia, una guerra o una crisis social, las personas refrescan sus redes constantemente para “entender” lo que está pasando. El problema es que esa búsqueda los expone repetidamente a contenido angustioso, creando un círculo vicioso.

La espada de doble filo

El investigador definió al doomscrolling como “una espada de doble filo”: por un lado, satisface la necesidad de información; por otro, deja una huella mental que persiste mucho después de cerrar la aplicación. “Lo que encontramos es que los trabajadores que hacen doomscrolling en horario laboral están menos comprometidos, en parte porque su mente sigue preocupada, como si repitiera las imágenes y los mensajes con los que se encontró durante esas sesiones”, señaló Hughes.

Esta persistencia mental es clave para entender por qué cae la implicación con el trabajo, más allá del tiempo perdido revisando el teléfono.

El entorno laboral: vulnerabilidad digital

Los entornos laborales actuales son especialmente vulnerables porque los empleados llevan consigo todo el ciclo informativo. Los teléfonos inteligentes, las computadoras portátiles y las plataformas sociales facilitan revisar novedades entre tareas, reuniones o correos electrónicos. “Para mucha gente, es muy difícil apartar la mirada de esas cosas”, afirmó Hughes.

Sin embargo, el investigador no cree que la solución sea prohibir los teléfonos en el trabajo. “La realidad es que esas políticas muchas veces solo hacen que la gente se enoje y no funcionan realmente”, enfatizó.

Recomendaciones prácticas

En lugar de prohibiciones, Hughes sugiere establecer límites físicos y temporales: “Si vas a hacer doomscrolling, intenta contener ese comportamiento a un solo lugar físico en tu vida”. Propone que, en vez de hacerlo en el trabajo, esa práctica quede restringida al hogar, a un sillón cómodo, a una sala de descanso, a un café o a un bar.

El investigador considera que este consejo no perderá vigencia pronto, porque el acceso a redes sociales se expande continuamente y los algoritmos alimentan un flujo constante de contenido diseñado para captar la atención. “Es importante mantenerse informado. Lo que también es importante es que no permitas que esa búsqueda de información ocupe cada momento de tu vida”, sentenció.

El doomscrolling es más común entre personas de 18 a 35 años, pero puede afectar a cualquier trabajador que use redes sociales durante su jornada.

Un problema creciente en Argentina

Si bien el estudio se realizó en Estados Unidos y Reino Unido, sus conclusiones son aplicables a cualquier país con alta penetración digital. En Argentina, donde la incertidumbre económica y política genera un flujo constante de noticias negativas, el doomscrolling podría estar afectando la productividad de miles de trabajadores sin que muchos lo noten.

La clave está en tomar conciencia del hábito y ponerle límites, no solo para proteger la concentración laboral, sino también la salud mental. Como concluye Hughes: “No permitas que esa búsqueda de información ocupe cada momento de tu vida”.