15/01/2026 13:26 - Economia
En la madrugada del 7 de enero de 2026 la marina estadounidense interceptó el petrolero Marinera, con casco oxidado y bandera extranjera, en aguas del Atlántico Norte. El buque, antes registrado como Bella 1, formaba parte de la operación denominada Lanza del Sur, que culminó tras semanas de seguimiento y vigilancia.
Los expertos denominan “barcos fantasma” a aquellas embarcaciones que, aunque aparecen en registros oficiales, cambian con frecuencia de nombre, bandera y propietario para ocultar su verdadera actividad. Estas prácticas se apoyan en las llamadas banderas de conveniencia, que ofrecen menos controles y permiten diluir responsabilidades.
Estos buques suelen transportar crudo procedente de naciones bajo embargo, como Venezuela e Irán. Utilizan transferencias de carga en alta mar, conocidas como ship?to?ship, y apagan o manipulan el transpondedor AIS, el sistema que emite la posición y rumbo del buque, para desaparecer de los mapas de seguimiento.
La existencia de una flota paralela que opera al margen de la normativa distorsiona los precios del petróleo, genera competencia desleal y debilita la efectividad de las sanciones internacionales. Además, la opacidad del circuito pone en riesgo a las tripulaciones y dificulta la prevención de accidentes medioambientales.
La captura del Marinera no es un caso aislado; refleja una guerra silenciosa donde la estrategia se basa en contratos opacos, cambios de registro y rutas marítimas ocultas. Washington ha dejado claro, con esta acción, su disposición a perseguir esas rutas invisibles y a tratar el océano como un escenario más de la confrontación geopolítica.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones