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03/02/2026 09:15 • Salud
La respiración bucal consiste en inhalar y exhalar aire a través de la boca en lugar de la nariz. Aunque puede parecer natural cuando hay congestión, su uso frecuente genera una serie de efectos negativos que impactan la salud general.
El paso por la nariz filtra, humedece y calienta el aire, favorece la producción de óxido nítrico (clave para la oxigenación), equilibra el sistema nervioso y apoya el desarrollo facial adecuado, sobre todo en la infancia.
Según MiNDFOOD, la obstrucción nasal persistente es la causa más frecuente y puede deberse a alergias, resfriados, inflamación crónica, infecciones sinusales, desviación de tabique, amígdalas o adenoides agrandados y otras alteraciones estructurales.
Los signos más comunes incluyen halitosis, sequedad bucal, labios agrietados, fatiga constante y dificultad para concentrarse. En niños, se asocian bajo rendimiento escolar, problemas de atención y cambios faciales como rostro alargado o mandíbula estrecha.
Los riesgos a corto y largo plazo abarcan deterioro del sueño, disminución de la eficiencia inmunológica, menor producción de óxido nítrico, déficit cognitivo y mayor propensión a caries, infecciones bucales y trastornos respiratorios. Además, la falta de oxígeno adecuado puede favorecer irritabilidad y aumento de peso por fatiga crónica.
Existen múltiples estrategias, tanto para adultos como para niños:
La intervención precoz es clave para evitar alteraciones faciales irreversibles y problemas de aprendizaje. Ante cualquier signo de respiración bucal, los padres deben acudir a un profesional de salud para una evaluación integral.
Una respiración nasal adecuada mejora la calidad del sueño, aumenta la energía diaria, optimiza la función cognitiva y refuerza el sistema inmunitario, reduciendo el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Fuente: Infobae