24/06/2026 15:24 - Judiciales
La muerte de Thiago Altamirano, un niño de solo 2 años ocurrida el lunes en la capital salteña, dejó una profunda conmoción y plantea serios interrogantes sobre la eficacia de los sistemas de protección infantil. El pequeño falleció tras ser trasladado en grave estado al Hospital Materno Infantil, donde ingresó sin signos vitales. Lo que inicialmente se reportó como una caída accidental pronto reveló un panorama mucho más oscuro.
Marta, la abuela paterna, expresó con dolor: “Lo veníamos denunciando desde 2025 y no hicieron nada”. Según su relato, tanto ella como su esposo criaron prácticamente a Thiago y a su hermano menor, un bebé de 10 meses. Afirmó que la madre, identificada como M.M. (19 años), tenía problemas de adicciones y alcoholismo, una situación que habían reportado a las autoridades. Hace unos tres meses, perdieron contacto con los niños tras una denuncia que la madre realizó contra el padre.
El abuelo paterno fue aún más contundente: aseguró haber realizado tres denuncias durante 2025 alertando que su nieto estaba en peligro. Cuestionó duramente la labor del asistente social asignado al caso: “El asistente social decía que iba, pero no sé qué informes presentaba en el juzgado, es todo mentira. Si no, mi nieto estaría vivo”, lamentó con impotencia.
Una mediación por la tenencia de los niños estaba prevista para el viernes anterior, pero la madre no se presentó.
La causa quedó a cargo de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, que trabaja para determinar cómo se produjeron las lesiones que causaron la muerte del niño. La madre, M.M., y su pareja, de 32 años, fueron detenidos como principales sospechosos.
Thiago fue llevado primero al Hospital Papa Francisco y luego derivado al Hospital Materno Infantil debido a la gravedad de su estado. Los médicos detectaron lesiones internas y otros signos compatibles con golpes, lo que contradice la versión inicial de una caída desde una cama y activó la intervención judicial.
Tras la tragedia, los abuelos acudieron a la Secretaría de Primera Infancia, Niñez y Familia para solicitar la protección del hermano menor del niño fallecido, de 10 meses. “No queremos que haya otro Thiago”, urgieron.
Este caso trágico pone de relieve las fallas en los mecanismos de protección a la infancia y la necesidad de una respuesta más eficaz ante las advertencias de familiares sobre situaciones de riesgo. La justicia y los organismos pertinentes tienen la tarea de esclarecer los hechos y responsabilidades, mientras la familia clama por justicia y para que no se repita una historia tan dolorosa.
Alfredo S. Quiroga