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El fotógrafo de Auschwitz cuyo retrato de una niña marcó la historia

11/02/2026 07:07 • Actualidad

Wilhelm Brasse, prisionero polaco obligado a inmortalizar a cientos de víctimas en el estudio improvisado de Auschwitz, capturó la desgarradora imagen de Czes?awa Kwoka, una niña de catorce años cuyo rostro se convirtió en símbolo del horror nazi.

El estudio fotográfico de Auschwitz

En el corazón del campo de concentración, los nazis instalaron una sala de registro donde cada recién llegado debía presentar tres retratos: frontal, perfil derecho y perfil izquierdo. El objetivo era reducir la identidad humana a un expediente administrativo.

Wilhelm Brasse: del fotógrafo civil al testigo silencioso

Wilhelm Brasse, prisionero número 3444, llegó a Auschwitz en agosto de 1940 con apenas 23 años. Tras negarse a firmar la Volksliste, fue asignado al departamento de fotografía en enero de 1941. Su tarea consistía en documentar tanto a los prisioneros como a los cuerpos sometidos a experimentos médicos, bajo la supervisión de oficiales como Ernst Hoffmann y Bernhard Walter.

Se estima que Brasse tomó más de 50.000 fotografías en el campo, de las cuales cerca de 40.000 sobrevivieron a la destrucción ordenada por los nazis al final de la guerra.

Czes?awa Kwoka: la niña cuyo rostro quedó inmortalizado

El 13 de diciembre de 1942, Czes?awa Kwoka, de catorce años, fue deportada junto a su madre desde Zamosc hacia Auschwitz. Tras ser golpeada por una kapo, llegó al estudio con sangre en el labio. Su número de prisionera era 26947. La cámara capturó su mirada desorbitada y la herida visible, convirtiéndose décadas después en un ícono del Holocausto.

El destino del archivo fotográfico

Cuando el Ejército Rojo se acercó en enero de 1945, los comandantes nazis ordenaron quemar los negativos. Los prisioneros intentaron enterrar algunos, pero la mayoría quedó destruida. Los archivos que sobrevivieron fueron recogidos por el Museo de Auschwitz y el memorial Yad?Vashem, sirviendo como evidencia crucial en los juicios de Núremberg.

Testimonios y legado

Años después, la escritora Anna Dobrowolska grabó casi veinte horas de entrevistas con Brasse, revelando la crudeza de su trabajo y la persistente imagen de la niña polaca que nunca lo abandonó. Brasse nunca volvió a fotografiar y falleció en 2012 a los 95 años. Su obra sigue siendo un testimonio visual del horror y la resistencia humana.

Fuente: Infobae

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