19/02/2026 20:10 • Internacionales
El presidente estadounidense Donald Trump presionó al primer ministro británico Keir Starmer para que no transfiera la soberanía de la isla Diego García a Mauricio, argumentando su importancia estratégica ante un posible conflicto con Irán. La base militar estadounidense en el atolón es considerada clave para operaciones en Oriente Medio y Asia.
Una disputa estratégica en el océano Índico
El presidente de Estados Unidos,
Donald Trump, exigió públicamente el
18 de febrero de 2026 al primer ministro británico,
Keir Starmer, que "no pierda el control" de la isla
Diego García, un pequeño atolón en el océano Índico que alberga una de las bases militares más importantes del Pentágono.
En un mensaje publicado en su red social Truth Social, Trump advirtió que Estados Unidos podría necesitar esta instalación militar ante un eventual conflicto con
Irán. "Si Irán decide no llegar a un acuerdo, podría ser necesario que Estados Unidos utilice Diego García y el aeródromo ubicado en Fairford para erradicar un posible ataque de un régimen altamente inestable y peligroso", afirmó el mandatario.
¿Qué es Diego García y por qué es tan importante?
Diego García es un atolón de aproximadamente
30 kilómetros cuadrados ubicado en el archipiélago de Chagos, en el centro del océano Índico. Su nombre proviene del explorador español
Diego García de Moguer, quien descubriera la isla en el siglo XVI.
La isla estuvo históricamente deshabitada hasta el siglo XVIII. En
1814 pasó a formar parte del Imperio Británico y se administró desde la entonces colonia de Mauricio hasta
1965, cuando Londres separó el archipiélago de Chagos de Mauricio para crear el
Territorio Británico del Océano Índico.
La base militar estadounidense fue establecida entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta mediante un acuerdo bilateral con Reino Unido. Actualmente, unos
2.500 efectivos militares, en su mayoría estadounidenses, operan permanentemente en la instalación.
Las capacidades militares de la base
La base de Diego García ha sido descrita por el Pentágono como "prácticamente indispensable" para los intereses de seguridad nacional estadounidense. Sus instalaciones incluyen:
- Una estación de comunicaciones de avanzada tecnología
- Un aeródromo con pistas de más de 3.700 metros de longitud, capaces de recibir bombarderos pesados
- Plataformas específicas para bombarderos estratégicos B-2 Spirit y B-52
- Un muelle de aguas profundas para buques de guerra de las flotas británica y estadounidense
Su ubicación estratégica permite proyectar poder militar hacia
Oriente Medio, el sur de Asia y África Oriental. Durante décadas, ha sido utilizada en operaciones militares clave:
- Guerra del Golfo y operaciones en Irak
- Guerra de Afganistán
- Ataques con bombarderos sobre Yemen en 2024 y 2025
- Despacho de ayuda humanitaria a Gaza
Su valor se potenció tras los reveses militares estadounidenses en Asia durante la guerra de Vietnam y la pérdida de la estación aérea de Peshawar, en Pakistán.
El acuerdo de transferencia de soberanía
El gobierno británico acordó transferir la soberanía del archipiélago de Chagos a
Mauricio, cumpliendo con una recomendación de la
Corte Internacional de Justicia (CIJ) de febrero de
2019. El máximo tribunal de Naciones Unidas determinó que el desapego de las islas Chagos de Mauricio en
1968 "no se basaba en la libre y genuina expresión de la voluntad de las personas implicadas".
El acuerdo, firmado el
22 de mayo de 2025 entre Londres y Port Louis, incluye:
- Transferencia de soberanía del archipiélago completo a Mauricio
- Un contrato de arrendamiento de 99 años para mantener el control de Diego García
- Un pago de aproximadamente 160 millones de dólares anuales por parte del Reino Unido
Originalmente, Washington había elogiado el acuerdo, argumentando que "garantiza el funcionamiento a largo plazo, estable y eficaz de la operación conjunta Estados Unidos-Reino Unido en la instalación militar de Diego García".
La oposición de Trump y sus argumentos
Sin embargo, Trump ha modificado su posición. En enero de
2026, ya había criticado el acuerdo, comparándolo con su interés en adquirir
Groenlandia. "Nuestro 'brillante' aliado de la OTAN está justificando con su decisión una larga lista de razones de seguridad nacional por las que Groenlandia debe ser adquirida", señaló en ese momento.
Ahora, Trump califica el acuerdo como un "precario contrato de arrendamiento" y argumenta que:
- La transferencia responde a "reclamaciones de entidades nunca antes conocidas"
- Se trata de ceder territorio por "cuestiones como reclamaciones de soberanía o preocupaciones ambientales"
- El Reino Unido debe "mantenerse fuerte frente al movimiento woke y otros problemas"
"Esta tierra no debería ser arrebatada al Reino Unido y, si se permite, será una plaga para nuestro Gran Aliado", concluyó Trump en su mensaje.
Las críticas internas en Reino Unido
La oposición de Trump ha encontrado eco en figuras políticas británicas. La líder conservadora
Kemi Badenoch calificó el acuerdo como "una política terrible que debilita la seguridad del Reino Unido y entrega nuestro territorio soberano".
Por su parte,
Nigel Farage, líder del partido Reform UK, celebró la intervención estadounidense: "Menos mal que Trump ha vetado la rendición de las islas Chagos".
Incluso dentro de la propia Cámara de los Lores se votó una "moción de pesar" para rechazar la decisión legislativa de aprobar la transferencia.
El contexto histórico: el desplazamiento de los chagossianos
La disputa por Diego García también tiene un costado humano. Entre
1968 y 1973, el gobierno británico desplazó por la fuerza a los habitantes del archipiélago de Chagos, conocido como los
chagossianos, para permitir la construcción de la base militar estadounidense.
Muchos de estos desplazados fueron reubicados en Mauricio y las Seychelles, y desde entonces han luchado por el derecho a regresar a su tierra natal. Fueron precisamente estos desplazados quienes llevaron el caso ante la Corte Internacional de Justicia.
Las implicancias geopolíticas
La posición de Trump sobre Diego García se enmarca en su teoría de las "geografías estratégicas", la misma que utiliza para justificar su interés en Groenlandia. Según esta visión, Estados Unidos debe asegurar el control de territorios clave para sus intereses de seguridad nacional, independientemente de consideraciones de soberanía o preocupaciones ambientales.
El atolón, ubicado a medio camino entre África e Indonesia, ofrece una posición privilegiada para monitorear y proyectar poder en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, fundamental para el flujo de petróleo desde el Golfo Pérsico.
La tensión entre Washington y Londres por este tema pone de relieve los desafíos que enfrentan las alianzas tradicionales en un escenario geopolítico cada vez más complejo, donde los intereses nacionales pueden entrar en conflicto con los compromisos internacionales y las obligaciones legales.