19/02/2026 21:08 • Internacionales
La FSSPX rechazó postergar las ordenaciones episcopales previstas para el 1 de julio, pese a la advertencia del Vaticano sobre ruptura de comunión. El superior general Davide Pagliarani envió una carta al cardenal Fernández señalando que no aceptan las condiciones impuestas para el diálogo doctrinal.
Una decisión que marca un punto de inflexión
La
Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), conocida popularmente como los "lefebvrianos", confirmó su decisión de proceder con la
consagración de nuevos obispos el 1 de julio de 2026 sin el mandato del Papa, a pesar de las advertencias de la Santa Sede sobre las graves consecuencias canónicas que esto implicaría.
El
18 de febrero de 2026, fecha del Miércoles de Ceniza, el superior general de la Fraternidad, el sacerdote
Davide Pagliarani, envió una carta formal al cardenal
Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en la que reafirmó la posición de la institución fundada por el arzobispo francés
Marcel Lefebvre en
1970.
El encuentro en el Vaticano
El
12 de febrero de 2026, Pagliarani fue recibido en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe por el cardenal Fernández. Durante ese encuentro, la Santa Sede propuso abrir un
"camino de diálogo específicamente teológico" orientado a establecer los requisitos mínimos para una plena comunión con la Iglesia católica.
Sin embargo, el Vaticano condicionó este diálogo a la
suspensión de las consagraciones episcopales anunciadas el pasado
2 de febrero de 2026. En un comunicado posterior, la Santa Sede advirtió expresamente que
"la ordenación de obispos sin mandato del Santo Padre implicaría una ruptura decisiva de la comunión eclesial (cisma) con graves consecuencias para la Fraternidad en su conjunto".
Los argumentos de la Fraternidad
En su respuesta, Pagliarani explicó que no puede aceptar las condiciones planteadas por el Dicasterio.
"No puedo aceptar, por honestidad intelectual y fidelidad sacerdotal, ante Dios y ante las almas, la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio propone reanudar el diálogo en la situación actual; ni tampoco, por otra parte, el aplazamiento de la fecha del 1 de julio", señaló.
El superior general recordó que fue él mismo quien propuso una discusión doctrinal en
enero de 2019, iniciativa que en aquel momento no encontró eco en el Vaticano. Ahora, considera que el contexto actual marcado por advertencias públicas sobre posibles sanciones
"no ofrece las condiciones de serenidad necesarias para un diálogo".
El desacuerdo sobre el Concilio Vaticano II
El núcleo de la discrepancia radica en las diferencias doctrinales respecto al
Concilio Vaticano II (1962-1965) y sus desarrollos posteriores. Según Pagliarani,
"ambos sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II".
Para la FSSPX, este desacuerdo no es una simple divergencia de opiniones, sino
"un verdadero caso de conciencia, nacido de lo que resulta ser una ruptura con la Tradición de la Iglesia".
Un conflicto con raíces históricas
La crisis actual evoca los acontecimientos de
1988, cuando el arzobispo Marcel Lefebvre consagró a cuatro obispos desobedeciendo una orden explícita de
san Juan Pablo II. Como consecuencia, todos fueron
excomulgados mediante un decreto firmado el 1 de julio de ese mismo año.
En
2009, el papa
Benedicto XVI levantó la excomunión a los obispos que aún vivían como gesto de acercamiento. Posteriormente, el papa
Francisco autorizó a los sacerdotes de la Fraternidad a confesar válidamente y a asistir matrimonios bajo determinadas condiciones.
¿Qué dice el Derecho Canónico?
El
Código de Derecho Canónico establece en el canon 1387 que
"el Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurren en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica".
La FSSPX sostiene que una consagración episcopal sin mandato pontificio
"no constituye una ruptura de la comunión de la Iglesia" cuando no va acompañada de intención cismática ni de la asunción de jurisdicción, una interpretación que contrasta con la posición oficial de la Santa Sede.
La dimensión pastoral del conflicto
En su carta, Pagliarani apeló a la dimensión pastoral del cardenal Fernández:
"Como cardenal y obispo, usted es ante todo un pastor". Argumentó que la Fraternidad es
"una realidad objetiva: existe" y que únicamente pide
"poder continuar haciendo ese mismo bien a las almas a las que administra los santos sacramentos".
Según datos de la propia Fraternidad, aproximadamente
600.000 personas en unos
60 países comparten su espiritualidad, y cuentan con
cinco seminarios en diferentes continentes.
El precedente del diálogo 2009-2017
Pagliarani recordó el largo proceso de diálogo iniciado en 2009 que se prolongó hasta
junio de 2017, cuando el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal
Gerhard Ludwig Müller, estableció unilateralmente los
"mínimos necesarios para la plena comunión", incluyendo explícitamente todo el Concilio Vaticano II y el posconcilio.
Para el superior general, este precedente demuestra que un diálogo forzado
"solo se conseguirá agravar la situación".
¿Qué viene ahora?
El tiempo que separa a la Fraternidad del
1 de julio está marcado como un período de oración y reflexión. La Santa Sede mantiene su posición sobre las consecuencias de las consagraciones, mientras que la FSSPX insiste en que su decisión surge de
"la necesidad de las almas" y de
"la supervivencia de la Tradición".
Fuentes:
FSSPX.News |
ACI Prensa