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20/02/2026 12:10 • Internacionales
En la década de 1950, cerca de la ciudad de Toyohashi en Japón, un grupo de excavadores trabajaba en una cantera cuando desenterraron varios huesos fosilizados: un húmero y una porción de fémur. El descubrimiento generó un enorme revuelo científico, ya que los investigadores de la época identificaron estos restos como pertenecientes a Homo sapiens o algún ancestro humano cercano.
La comunidad científica celebró lo que parecía ser la evidencia más antigua de presencia humana en el archipiélago japonés, con una datación aproximada de 20.000 años de antigüedad. Durante décadas, estos fósiles ocuparon un lugar privilegiado en los libros de historia.
La fosilización es un proceso natural por el cual los restos orgánicos se conservan a través del tiempo, generalmente mediante la mineralización de los huesos. Este proceso puede tomar miles o millones de años, y los fósiles resultantes son fundamentales para reconstruir la historia de la vida en la Tierra.
A finales de los años 80, comenzaron a surgir dudas entre los arqueólogos. Las comparaciones anatómicas con otros fósiles famosos, como el "Hombre de Akashi", encendieron señales de alarma. Sin embargo, fue necesario esperar a los avances tecnológicos para obtener una respuesta definitiva.
Un equipo dirigido por Gen Suwa, de la Universidad de Tokio, sometió los huesos a escáneres de tomografía computarizada (CT). Los resultados fueron contundentes: los restos no pertenecían a ningún humano, sino a un oso pardo prehistórico (Ursus arctos) que habitó la región hace aproximadamente 20.000 años.
El oso pardo (Ursus arctos) es una especie que existió durante la última glaciación y cuyos descendientes aún habitan partes de Asia, Europa y Norteamérica. Estos imponentes animales podían pesar hasta 600 kilogramos y eran omnívoros, adaptados a diversos climas.
Con la reclasificación de los fósiles de Toyohashi, el mapa histórico japonés se reorganizó. Ahora, los restos humanos más antiguos confirmados corresponden a:
| Ubicación | Antigüedad | Características |
|---|---|---|
| Hamakita | 14.000 - 17.000 años | Fragmentos óseos de dos individuos distintos, costa pacífica japonesa |
| Islas Ryukyu | Hasta 32.000 años | Vestigios de actividad humana, cadena de islas entre Japón y Taiwán |
Estos hallazgos en las islas Ryukyu son especialmente importantes, ya que ayudan a trazar las posibles rutas migratorias tempranas que siguieron los primeros humanos para llegar al archipiélago japonés.
La identificación de restos fósiles es un desafío complejo. Los huesos pueden llegar fragmentados, deformados por la presión geológica o con características ambiguas. Un caso similar ocurrió en Alaska en la década de 1990: un fragmento que se creía de oso resultó ser parte del esqueleto de una mujer nativa americana de hace 3.000 años.
Hoy en día, técnicas como la tomografía computarizada y el análisis de ADN permiten distinguir diferencias anatómicas sutiles que antes eran imposibles de detectar.
La historia de los fósiles de Ushikawa (el nombre de la cantera donde fueron encontrados) es un excelente ejemplo de cómo funciona realmente la ciencia. Lejos de ser arrogante o dogmática, la comunidad científica está en permanente revisión y autocorrección.
Cada error representa una oportunidad de mejorar, refinar metodologías y comprender mejor nuestro pasado. La tecnología actual permite reconstrucciones cada vez más precisas, y lo que hoy parece definitivo podría ser revisado mañana con nuevas herramientas.
Este caso nos recuerda que el conocimiento humano siempre está en evolución. La humildad científica y la apertura a revisar nuestras certezas son cualidades valiosas, no solo para investigadores, sino para todos nosotros. Y a veces, la verdad resulta más fascinante que la ficción: un oso pardo prehistórico puede convertirse, sin quererlo, en el protagonista de una de las historias más interesantes de la arqueología japonesa.
Fuente: Santa Fe Canal