14/06/2026 09:59 - Salud
Cerebro humano estilizado con neuronas y conexiones de dopamina representadas con luz cálida, figura humana silueta mostrando contraste entre movimiento fluido y rigidez, ambiente médico profesional con tonos esperanzadores.
Cuando el diagnóstico de enfermedad de Parkinson llega, se presenta como una noticia inesperada que fractura la identidad de quien la recibe. El síntoma que inmediatamente aparece en la mente de la mayoría es la imagen de una mano que tiembla. Sin embargo, quienes atraviesan esta condición y sus acompañantes saben que detrás de ese signo motor se esconde una compleja reconfiguración psicológica y cognitiva.
El Parkinson —la afección que Carlos "Indio" Solari padecía desde 2016 hasta su fallecimiento el 5 de junio de 2026— es una enfermedad neurodegenerativa que afecta principalmente la producción de dopamina, un neurotransmisor clave no solo para el movimiento, sino también para el circuito del placer y la motivación.
Lo que experimenta el paciente y expresa hacia su entorno es la pérdida. Pérdida del control, de la espontaneidad, de la autonomía. Los pequeños actos cotidianos comienzan a tener una mayor dificultad: abotonarse la camisa, escribir en la computadora o firmar algún documento se convierte en una pelea contra su propio sistema nervioso.
Esta nueva cotidianidad lleva a un cambio en la percepción de la autoimagen. La persona afectada ya no se reconoce en ese cuerpo que no le responde con la velocidad y practicidad que tenía antes del diagnóstico, explicó el psicólogo Alexis Alderete (MP 85367), especialista en Trastornos de Ansiedad y Entrenamiento en Habilidades.
Ante los demás, hay un síntoma característico que genera confusiones constantes: la hipomimia o "cara de máscara". "La pérdida de la expresividad facial hace que el entorno interprete equivocadamente que el paciente está enojado, distante o desinteresado, cuando lo que está vivenciando es una rigidez muscular que impide que las emociones se reflejen en el rostro", agregó Alderete.
Este fenómeno puede afectar significativamente las relaciones interpersonales, ya que familiares, amigos y compañeros de trabajo pueden interpretar erróneamente la falta de expresividad facial como desinterés o frialdad emocional.
El tratamiento del paciente jamás puede ser únicamente neurológico; requiere un abordaje interdisciplinario donde la psicoterapia sea un pilar fundamental.
"Se transita sufrimiento ante la pérdida de interés, iniciativa, y el comienzo de reacciones lentas en todos los ámbitos. Llevar adelante un nuevo diseño para el proyecto de vida del paciente, brindarle herramientas de afrontamiento y, fundamentalmente, acompañar a la familia para evitar el colapso del cuidador", explica el especialista.
El concepto de "colapso del cuidador" es fundamental: los familiares que acompañan a pacientes con Parkinson también necesitan apoyo psicológico para sostener su rol de cuidado sin agotarse física y emocionalmente.
Para atenuar el avance de la enfermedad, mantener un propósito de vida activo —sea crear, enseñar, conectar con otros, practicar algún arte o simplemente acompañar a otros— es uno de los factores protectores cognitivos más poderosos que se conocen frente al deterioro progresivo.
"No porque detenga la enfermedad, sino porque preserva lo que la enfermedad más quiere destruir: el sentido", afirmó Alderete, quien además realizó el Posgrado en Sexología Clínica (Sociedad Argentina de Sexualidad Humana).
El desafío es ayudar al paciente a entender que, aunque el Parkinson altere la forma de transitar los próximos años de vida, la esencia de quién es esa persona con su propia historia vital sigue intacta. "Se trata de aprender a habitar el cuerpo desde una nueva partitura, encontrando dignidad, sentido y conexión en cada movimiento posible", concluyó el especialista.
Fuentes: Telefe Noticias | Diario Uno
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones