28/06/2026 06:39 - Tecnologia
Hace diez años, el consejo para asegurar empleabilidad era claro: "aprende a programar". Hoy, esa recomendación se ha invertido dramáticamente.
Según datos del Banco de la Reserva Federal de Nueva York correspondientes a 2024, el 7% de los graduados en informática en Estados Unidos estaban desempleados, frente a solo el 5,1% de los filósofos. Esta cifra revela una transformación profunda en el mercado laboral tecnológico, donde la capacidad de pensamiento crítico está cobrando valor sobre la habilidad técnica pura.
"Los estudiantes reciben ofertas de trabajo antes incluso de graduarse", afirma Luciano Floridi, filósofo de la Universidad de Yale, quien describe la magnitud de las salidas de los departamentos de filosofía hacia el sector privado como una "hemorragia" de talento.
A mediados de abril de 2026, Henry Shevlin, filósofo de la Universidad de Cambridge, anunció en su perfil de LinkedIn su incorporación a Google DeepMind, el principal laboratorio de investigación en inteligencia artificial de Alphabet.
Shevlin continuará en Cambridge a tiempo parcial para mantener su investigación y docencia en el Centro Leverhulme para el Futuro de la Inteligencia, pero su rol en el gigante tecnológico será determinante: trabajar en conciencia de máquinas, relaciones humano-IA y preparación para la inteligencia artificial general.
"Es un privilegio poco común trabajar en cuestiones en las que he pasado mi carrera reflexionando, ahora con los recursos y la urgencia que conlleva estar dentro de uno de los laboratorios de IA más importantes del mundo".
Una de las contribuciones más valiosas de la filosofía a la IA proviene del pensamiento clásico. El método socrático descrito por Platón utiliza la ignorancia fingida y una secuencia de preguntas para clarificar significados, detectar contradicciones y revelar ramificaciones.
Jörg Noller, experto en filosofía e IA de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, explica que los modelos entrenados con este enfoque son menos proclives a la adulación y más dispuestos a buscar la verdad.
Implementar la humildad respecto al propio conocimiento ayuda a limitar la excesiva confianza, un fallo común que Noller describe como "inmadurez de la IA".
Iason Gabriel, filósofo sénior en Google DeepMind, atribuye una disminución general en las alucinaciones de la industria a estos esfuerzos filosóficos.
Los filósofos de IA se han centrado en dos marcos éticos principales para guiar el comportamiento de los modelos:
Inspira en Kant, impone reglas estrictas que prohíben mentir, coaccionar y tratar a las personas como medios y no como fines, incluso si es por un bien mayor.
Beneficios: Mayor honestidad y comportamiento consistente.
Ejemplos: Claude (Anthropic) y Pi (Inflection AI).
Sopesa costos frente a beneficios para decidir qué hacer. Diseñado para producir "beneficios generales probables que superen sustancialmente los riesgos previsibles".
Aplicaciones: ChatGPT (OpenAI), Gemini (Google), vehículos autónomos (Waymo).
Anthropic, laboratorio de IA con sede en San Francisco, ha desarrollado un enfoque revolucionario llamado constitucionalismo de IA, que implica construir modelos en torno a una estructura de reglas y principios extraídos de escritos filosóficos con autoridad legal o moral.
Las constituciones de sus modelos Claude han incorporado material de:
La última versión, dirigida por la filósofa Amanda Askell, fue publicada el 21 de enero de 2026. Algunos empleados la han apodado el "documento alma" de Claude.
La serie de modelos "Granite" de IBM viene con controles que permiten a los clientes empresariales alinear mejor las salidas con sus propias filosofías corporativas.
Francesca Rossi, responsable de IA responsable en IBM, explica que estos controles permiten a los usuarios elegir dónde equilibrar los compromisos filosóficos, como:
Los algoritmos consecuencialistas son cruciales en el software para vehículos autónomos. Chris Gerdes, ingeniero sénior en Waymo, fabricante de autos autónomos, indica que la tendencia es hacia programas de conducción más consecuencialistas: si un accidente es inevitable, hay que decidir la forma menos trágica de chocar.
El consecuencialismo también es central en los sistemas de armas de IA. Jack Shanahan, exjefe del Joint Artificial Intelligence Centre, explica que hay que sopesar los objetivos militares frente a las posibles muertes civiles.
Stefan Heck, filósofo y director de Nauto (sistemas de seguridad para camiones impulsados por IA), plantea interrogantes éticamente complejas: ¿Sería moralmente aceptable priorizar a los peatones jóvenes sobre los mayores?
A los críticos les preocupa que si los ordenadores asumen cada vez más decisiones éticas, las personas podrían volverse menos dispuestas a tomar sus propios juicios.
Roman Yampolskiy, teórico de la IA en la Universidad de Louisville, sostiene que la moralidad "es históricamente inestable, culturalmente variable, estratégicamente manipulable y con frecuencia solo legible retrospectivamente".
Parece que no falta trabajo para los filósofos de la IA. En un mundo donde la inteligencia artificial lo ha invadido todo, la capacidad de pensar críticamente, cuestionar y entender se ha convertido en la habilidad más valiosa para desarrollar tecnologías que impactan profundamente nuestra sociedad.
Fuentes: The Economist vía Infobae, National Geographic
Alfredo S. Quiroga