13/07/2026 15:17 - Judiciales
El hecho ocurrió el viernes 11 de julio de 2026, a las 8:07 de la mañana, en el barrio Aeroclub de la localidad misionera de Campo Grande, cabecera del departamento Cainguás. Una niña de 7 años salió de su casa para comprar galletitas en el kiosco de su abuela, ubicado a una cuadra de distancia. Según relató su madre, Micaela G., la pequeña decidió ir sola porque sus hermanos no quisieron acompañarla.
Mientras la menor caminaba por una calle prácticamente desierta, un adolescente de 17 años, quien sería vecino de la zona, la alcanzó, la saludó y la acompañó unos pasos. Las imágenes de cámaras de seguridad privadas muestran cómo, de un momento a otro, el joven la tomó por la espalda, le tapó la boca y la trasladó por la fuerza hasta una zona de malezas, donde forcejearon.
La pequeña logró pedir auxilio pese a que el agresor le tapaba la boca y la amenazaba con un cuchillo. La madre relató que escuchó un grito ahogado y alertó a su esposo. El hombre salió rápidamente a buscar a su hija y, al escuchar los gritos nuevamente, corrió hacia el lugar. Al advertir su presencia, el atacante soltó a la menor y huyó a toda velocidad.
“Mi esposo salió a ver y escuchamos otro grito. Ahí empezó a correr, pero no lo llegó a alcanzar al degenerado. Hoy digo que menos mal que no le agarró, porque si no, el que estaría preso sería mi esposo”.
La menor luchó en todo momento contra el adolescente, pese a la diferencia física y de fuerza. Ella vio el cuchillo, y el tipo le dijo que si gritaba le iba a hincar, pero igual no se quedó quieta y gritó lo más fuerte que pudo para pedir auxilio, recordó la madre entre lágrimas.
Tras la denuncia realizada por el padre alrededor del mediodía y la viralización de las imágenes, la Comisaría de la Mujer de Campo Grande desplegó un operativo para localizar al sospechoso. Horas más tarde, el adolescente fue detenido.
El joven fue notificado de la causa en presencia de su madre y trasladado al Centro Modelo de Asistencia y Seguimiento de Niños, Niñas y Adolescentes (Cemoas) de Oberá, institución que cuenta con personal del Servicio Penitenciario Provincial. De manera preventiva, el Juzgado Correccional y de Menores de Oberá caratuló el expediente como “abuso sexual simple altamente ultrajante agravado por el uso de arma”.
El impacto emocional quedó reflejado en los días posteriores al ataque. “Ella quedó muy mal. No quiere salir afuera de la casa y se desespera si el papá está lejos”, lamentó la madre. Además, relató un episodio que marcó el miedo con el que quedó la niña: “(El viernes) a la noche fui a la iglesia y me pidió que ore por ella para que el hombre malo no le haga nada”.
La madre también aseguró que el joven tendría antecedentes por otros delitos y reclamó una respuesta judicial contundente: “La Justicia no lo puede soltar así nomás sólo porque es menor. Tienen que hacer algo, es muy grave lo que hizo y no puede quedar impune”.
Fuentes: TN, Infobae, Stop en Línea
Alfredo S. Quiroga