La balanza comercial argentina volvió a mostrar números en verde, pero con matices que encienden alertas. Según el INDEC, en julio el superávit comercial alcanzó los u$s2.115 millones, una mejora de u$s1.208 millones frente al mismo mes de 2025 (cuando fue de u$s907 millones) y el mejor registro para un mes de julio en toda la serie histórica.
El intercambio total fue de u$s15.593 millones, un 6,7% más que un año atrás. Sin embargo, la comparación mensual muestra una dinámica diferente: las exportaciones cayeron 4,9% y las importaciones 4,5% en términos desestacionalizados respecto de junio.
Exportaciones récord, impulsadas por energía y precios
Las ventas al exterior sumaron u$s8.854 millones, un 14,1% más interanual. Pero casi todo ese avance se explica por los precios (+12,4%), mientras que las cantidades apenas crecieron 1,5%. El único rubro con aumento significativo de volúmenes fue Combustibles y Energía, con exportaciones por u$s1.506 millones (+97,8% interanual) y un salto del 67,6% en cantidades.
El petróleo crudo fue el gran protagonista: vendió u$s1.020 millones, un 144,4% más que en julio de 2025. En el acumulado de siete meses, el crudo neuquino se convirtió en el principal producto de exportación del país, superando a la harina de soja. La producción récord de Vaca Muerta (914.900 barriles diarios en junio) explica esta transformación.
Las manufacturas de origen industrial crecieron 11,2% y las agropecuarias 4,9%, aunque en este último caso las cantidades cayeron 7,2%. Los productos primarios retrocedieron 0,6%, condicionados por la caída del 73,7% en porotos de soja, un efecto base por las retenciones temporales de 2025.
Importaciones en caída: señal de inversión débil
Las importaciones totalizaron u$s6.739 millones, con una baja interanual de 1,7%, explicada por una contracción del 9,2% en cantidades (los precios subieron 8,4%). El dato más preocupante es la caída en bienes de capital (-7,7% en valor, -13,1% en cantidades) y en piezas y accesorios (-14,9%, con un desplome del 23,3% en cantidades).
Los bienes de consumo bajaron 7,3% y los vehículos 12,8%. En cambio, los bienes intermedios crecieron 16,5%, aunque parte de ese aumento responde a soja importada para procesar y reexportar.
El economista Federico Vacarezza habla de un “efecto sándwich”: la industria enfrenta un mercado interno contraído y un frente exportador concentrado en grandes empresas. La caída de las importaciones de energía (-23,8% en cantidades) es positiva, ya que refleja mayor producción local.
El superávit energético, un motor clave
El sector energético acumuló un superávit de u$s6.853 millones entre enero y julio, un 84% más que el año anterior. Las exportaciones del sector superaron los u$s9.000 millones. La balanza comercial total acumula u$s16.080 millones en los primeros siete meses, muy por encima de los u$s3.669 millones del mismo período de 2025.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el dato en redes: “Las exportaciones de bienes sumaron USD 8.854 millones en julio, creciendo 14,1% interanual y registrando un nuevo récord histórico para el mes”.
Para todo 2026, las proyecciones del REM apuntan a un superávit cercano a los u$s23.400 millones, con exportaciones por u$s100.207 millones e importaciones por u$s76.773 millones.
Desafíos hacia adelante
La sostenibilidad del superávit dependerá de si la actividad económica recupera dinamismo y las importaciones vuelven a crecer. La energía y la minería (oro, plata, litio) se perfilan como motores estructurales, pero la debilidad de la inversión y el consumo doméstico siguen siendo una sombra sobre el entramado productivo.
Mientras tanto, el riesgo país sigue elevado y los mercados observan con cautela. Pero el dato de julio confirma que la balanza comercial es uno de los pocos puntos firmes del modelo económico actual.