20/07/2026 20:01 - Tecnologia
Un hallazgo extraordinario en el noroeste de China ha permitido retroceder el reloj de la historia evolutiva de las plantas. Un equipo internacional de investigadores identificó el ámbar más antiguo del mundo, con una edad de 385 millones de años, mucho antes de la aparición de los primeros dinosaurios.
El ámbar es resina de árbol que se ha endurecido y fosilizado a lo largo de millones de años, transformándose en una piedra de tonos cálidos. Más allá de su belleza, es una cápsula del tiempo invaluable que conserva restos del mundo en que se formó: polen, invertebrados e incluso pequeños fragmentos de dinosaurios. Sin embargo, en esta ocasión, su valor radica en su extrema antigüedad y composición química, ya que los fragmentos son tan diminutos (entre 0,1 y 1,5 milímetros) que no contienen organismos visibles en su interior.
El estudio, liderado por el paleobiólogo Cihang Luo del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing (Academia China de Ciencias) y publicado el 20 de julio de 2026 en la revista Science Advances, detalla la recuperación de 241 fragmentos microscópicos a partir de 10 kilogramos de carbón extraídos de la Formación Hujiersite, en Xinjiang, China.
Este descubrimiento es revolucionario porque empuja el origen conocido del ámbar 65 millones de años hacia atrás, hasta el período Devónico medio, mucho antes de que las plantas con semilla se diversificaran sobre la Tierra. El registro anterior pertenecía al Carbonífero tardío, con una antigüedad de aproximadamente 320 millones de años.
Los investigadores utilizaron técnicas avanzadas como espectroscopía infrarroja, cromatografía de gases y espectrometría de masas, además de observación bajo luz ultravioleta (donde los fragmentos brillaban de azul), para confirmar la naturaleza de las partículas. Los análisis revelaron que su composición química es sorprendentemente similar a la resina producida por las coníferas modernas.
Según los científicos, la producción de resina fue una innovación evolutiva crucial durante la transición entre los períodos Devónico y Carbonífero. Esta sustancia actuaba como una barrera de defensa sofisticada: sellaba heridas, protegía a las plantas contra hongos parásitos e insectos, y aumentaba la resistencia frente a los incendios forestales y otros daños mecánicos en paisajes terrestres que aún estaban en formación.
El Devónico marca una etapa vital en la evolución de los continentes. Las plantas comenzaban a hacerse más altas, desarrollaban madera y sistemas radiculares profundos, lo que facilitó la aparición de los primeros grandes bosques. Luo describió el entorno como "un ambiente húmedo, rico en materia orgánica, con manchas dispersas de vegetación vascular temprana".
Este descubrimiento nos ofrece una mirada esperanzadora sobre la increíble capacidad de adaptación y resiliencia de la vida vegetal desde sus orígenes, demostrando que las redes de defensa complejas ya existían mucho antes de lo que imaginábamos, allanando el camino para los ecosistemas complejos que disfrutaríamos hoy en día.
Fuentes: Infobae, Meteored, Radio Mitre, Diario Crónica, Techno-Science
Alfredo S. Quiroga