El comisionado de la Policía Metropolitana del Reino Unido, Mark Rowley, fue tajante: la fuerza policial no puede ser efectiva si amplios sectores de la sociedad no confían en ella. En un contexto marcado por la "toxicidad" que rodea a las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), Rowley aseguró que integrar a más oficiales negros y asiáticos no es una decisión política, sino una necesidad operativa.
La premisa es clara: para que exista una "vigilancia por consentimiento" —pilar fundamental del sistema británico—, la policía debe reflejar la realidad de las calles que patrulla.
| Grupo Poblacional | % Población Londres | % Oficiales Met |
|---|---|---|
| Minorías Étnicas (General) | 46% | 18% |
| Comunidad Negra | 13.5% | 3.7% |
Rowley enfatizó que eliminar las barreras históricas que impiden el ingreso y ascenso de comunidades subrepresentadas es una cuestión de justicia y equidad, y no implica, bajo ningún concepto, bajar los estándares de selección.
Sin embargo, el camino es cuesta arriba. La Met Police arrastra un historial oscuro:
- Inquiry Macpherson (1999): Marcó el inicio del reconocimiento del racismo institucional.
- Informe Casey (2023): Definió a la fuerza como institucionalmente racista, misógina y homofóbica.
- Escándalos recientes: Casos de oficiales emitiendo comentarios discriminatorios y promoviendo la violencia contra inmigrantes.
A pesar de estos antecedentes, Rowley rechaza seguir utilizando la etiqueta de racismo "institucional". No obstante, voces críticas como la de Leroy Logan, exoficial de la Met, sostienen que la percepción de la fuerza sigue ligada a sectores supremacistas blancos, lo que desalienta a nuevos aspirantes negros de sumarse a la institución.
Fuente: IMAGO