El fallo histórico
Este jueves 20 de agosto de 2026, el Tribunal Popular Intermedio de Shenzhen dictó la sentencia más esperada del año en China: cadena perpetua para Xu Jiayin, también conocido internacionalmente como Hui Ka Yan, fundador y expresidente del gigante inmobiliario Evergrande. La corte también ordenó la confiscación de todos sus bienes personales y la retirada de por vida de sus derechos políticos.
El tribunal determinó que, entre 2016 y 2021, Xu y Evergrande participaron en un fraude financiero a gran escala, con delitos que incluyen uso indebido de fondos, fraude en la captación de fondos y captación ilegal de depósitos públicos. Según el comunicado oficial, “el monto involucrado es excepcionalmente elevado, las circunstancias son particularmente graves y el daño a la sociedad es extremadamente grave”. Xu, quien se había declarado culpable en abril, permaneció inexpresivo durante la lectura del fallo, vestido con camisa azul marino y escoltado por dos agentes.
Las sanciones económicas
Además de la pena de prisión, el tribunal multó a Evergrande Group y a su filial Evergrande Real Estate Group con un total de 15.820 millones de yuanes (unos 2.400 millones de dólares). En el mismo proceso, otros 56 acusados, entre ellos los dos hijos de Xu, recibieron penas de entre 22 meses y 18 años de prisión.
El ascenso y la caída de un imperio
Xu Jiayin, un ex técnico siderúrgico criado por su abuela en una aldea rural de la provincia de Henan, fundó Evergrande en 1996, en pleno proceso de urbanización masiva de China. La empresa se convirtió en la desarrolladora inmobiliaria de más rápido crecimiento del país, expandiendo su imperio a un equipo de fútbol y vehículos eléctricos. En 2017, su fortuna alcanzó los 45.300 millones de dólares, la mayor de Asia según Forbes, y llegó a ser asesor político del régimen.
Pero el colapso llegó en 2021, cuando Evergrande incurrió en impago de su deuda extraterritorial, arrastrando un pasivo superior a 300.000 millones de dólares. El desplome dejó al descubierto la fragilidad del sistema financiero chino y su dependencia del sector inmobiliario como motor de crecimiento.
Las “tres líneas rojas”
El origen de la crisis se remonta a 2020, cuando Pekín introdujo las llamadas “tres líneas rojas”, regulaciones que limitaban el acceso a financiación de las promotoras con pasivos excesivos, alto apalancamiento o falta de liquidez. Estas medidas, alineadas con el principio del presidente Xi Jinping de que “las viviendas son para vivir, no para especular”, cortaron el flujo de efectivo de empresas fuertemente endeudadas como Evergrande.
Un símbolo de la crisis inmobiliaria china
La caída de Evergrande no fue un caso aislado. Country Garden, la mayor promotora del país entre 2017 y 2022, entró en impago en octubre de 2023 y recién en diciembre de 2025 logró reestructurar 14.100 millones de dólares de deuda. Hoy, el foco de tensión está en China Vanke, que perdió 88.556 millones de yuanes (unos 12.867 millones de dólares) en 2025 y solo se mantiene a flote gracias a préstamos de su principal accionista, Shenzhen Metro.
Las ventas de viviendas medidas por área de suelo se desplomaron un 24,3% en 2022, 8,5% en 2023, 12,9% en 2024 y 8,7% en 2025. Hasta julio de 2026, el retroceso alcanza el 18,6% interanual, a pesar de los múltiples paquetes de apoyo lanzados por las autoridades, incluido un programa de créditos por unos 42.250 millones de dólares anunciado en mayo.
El impacto en la gente común
Mientras los tribunales dictaban sentencia, los comentarios de propietarios de viviendas de Evergrande en redes sociales reflejaban la frustración: “Todos los ciudadanos comunes pagaron el costo”, “La prisión es una forma de protegerlo. Si sale, su vida corre peligro” y “¿Y nuestro dinero?”.
La sentencia de este jueves cierra un capítulo judicial, pero la crisis inmobiliaria china, que según algunos analistas representa alrededor del 30% del PIB del país sumando factores indirectos, sigue siendo una amenaza latente para la economía global.