El vínculo entre el movimiento y la salud cerebral nunca fue tan claro. Dos investigaciones recientes, publicadas en The Lancet Public Health y PLOS One, arrojan luz sobre una de las preguntas más urgentes de la medicina moderna: cómo prevenir la demencia, una enfermedad que ya afecta a 55 millones de personas en todo el mundo y cuyo costo proyectado para 2030 alcanza los 2.000 millones de euros.
No es solo cuánto te mueves, sino cómo y por qué
El primer estudio, liderado por la Universidad del Sur de California, analizó datos de 74 estudios con más de 4,2 millones de personas de 30 países, con edades de 45 a 93 años, y siguió a los participantes durante un promedio de 10 años.
Los resultados publicados en The Lancet Public Health confirman la llamada paradoja de la actividad física: mientras que el ejercicio recreativo –caminar, correr, andar en bicicleta, nadar o practicar deportes– redujo el riesgo de demencia en 24%, la actividad física ocupacional (trabajos que exigen esfuerzo físico) se asoció con un 20% más de riesgo.
“Estos resultados desafían la suposición, sostenida durante mucho tiempo, de que todo movimiento cuenta para la salud cerebral”, señaló Natan Feter, primer autor del estudio. El contexto es clave: el ejercicio recreativo suele ser autodirigido, a una intensidad agradable y acompañado de interacción social, mientras que el esfuerzo laboral manual incluye tareas repetitivas, largas horas de pie, levantar cargas, poco tiempo de recuperación y mayor exposición a factores ambientales adversos como ruido o contaminación.
El sueño y el sedentarismo también cuentan
El segundo estudio, de la Universidad de York (Canadá), publicó en PLOS One una revisión de 69 estudios con millones de adultos mayores de 35 años. Encontraron que la actividad física regular se asoció con un 25% menor riesgo de demencia y que dormir 7-8 horas por noche también protege.
Por el contrario, dormir menos de 7 horas elevó el riesgo de demencia en 18% y dormir más de 8 horas en 28%. Permanecer sentado más de 8 horas al día subió el riesgo en 27%.
¿Qué implica para la vida diaria?
Los autores recomiendan priorizar actividad física en el tiempo libre, así como mejorar el acceso a parques y espacios seguros, garantizar tiempo de descanso y reducir exposiciones nocivas en los lugares de trabajo. “El contexto en el que se realiza la actividad física puede ser tan importante como la actividad misma”, subrayó David Raichlen.
Para la catedrática Lucrecia Moreno, de la Universidad CEU Cardenal Herrera, este hallazgo resalta la importancia de la reserva cognitiva: si tu trabajo es manual, es crucial mantener actividad mental; si tu trabajo es sedentario, no despreciar el ejercicio físico.
Fuentes: elEconomista.es · Infobae · Cuídate Plus · Diario de Cuyo · Agencia SINC