13/06/2026 13:03 - Salud
Una persona mayor contemplando un paisaje soleado a través de una ventana, representando la esperanza y la búsqueda de sentido frente a la enfermedad de Parkinson. Imagen serena con tonos cálidos que transmitan dignidad y superación personal.
Cuando el diagnóstico de Enfermedad de Parkinson es informado, llega como una noticia inesperada que fractura la identidad. El síntoma que enseguida aparece en la mente de las personas es la mano que tiembla. Pero quienes atraviesan la enfermedad y sus acompañantes saben que habrá una compleja reconfiguración psicológica y cognitiva de la persona.
Esta enfermedad neurodegenerativa, que según reportes El Indio Solari padecía desde 2016, afecta la producción de dopamina, un neurotransmisor clave no solo para el movimiento, sino también para el circuito del placer y la motivación.
Uno de los síntomas más característicos que genera confusión en el entorno es la hipomimia o "cara de máscara". El psicólogo Alexis Alderete (MP 85367), especialista en Trastornos de Ansiedad y Entrenamiento en Habilidades, explica: "La pérdida de la expresividad facial hace que el entorno interprete equivocadamente que el paciente está enojado, distante o desinteresado, cuando lo que está vivenciando es una rigidez muscular que impide que las emociones se reflejen en el rostro".
Esta incomprensión genera aislamiento social y complica aún más las relaciones personales del paciente.
El especialista describe que "lo que experimenta el paciente y expresa hacia su entorno es la pérdida. Pérdida del control, de la espontaneidad, de su autonomía".
Los pequeños actos cotidianos comienzan a tener una mayor dificultad: abotonarse la camisa, escribir en la computadora o firmar algún documento se convierte en una pelea contra su propio sistema nervioso. Esta nueva cotidianidad lleva a un cambio en la percepción de la autoimagen. "La persona afectada ya no se reconoce en ese cuerpo que no le responde con la velocidad y practicidad que tenía antes del diagnóstico", señala Alderete.
El tratamiento del paciente jamás puede ser únicamente neurológico; requiere un abordaje interdisciplinario donde la psicoterapia sea un pilar fundamental.
"Se transita sufrimiento ante la perdida de la falta de interés, iniciativa, y el comienzo de reacciones lentas en todos los ámbitos. Llevar adelante un nuevo diseño para el proyecto de vida del paciente, brindarle herramientas de afrontamiento y, fundamentalmente, acompañar a la familia para evitar el colapso del cuidador", explica el psicólogo.
Mantener un propósito de vida activo —sea crear, enseñar, conectar con otros, practicar algún arte o simplemente acompañar a otros— es uno de los factores protectores cognitivos más poderosos que se conocen frente al deterioro progresivo.
"No porque detenga la enfermedad, sino porque preserva lo que la enfermedad más quiere destruir: el sentido", afirma Alderete.
El desafío es ayudar al paciente a entender que, aunque el Parkinson altere la forma de transitar los próximos años de vida, la esencia de quién es esa persona con su propia historia vital sigue intacta. "Se trata de aprender a habitar el cuerpo desde una nueva partitura, encontrando dignidad, sentido y conexión en cada movimiento posible", concluye el especialista, quien además realizó el Posgrado en Sexología Clínica en la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana.
Alfredo S. Quiroga
Conspiraciones