Un experimento con roedores en la Universidad de Stanford sugiere que el tejido envejecido podría actuar como barrera contra el desarrollo tumoral. El genetista Gabriel Ercoli aclara qué significa realmente este hallazgo y por qué no hay que caer en simplificaciones peligrosas sobre la vejez y el cáncer.
Un hallazgo que desafía intuiciones
¿Podría la vejez convertirse en un aliado inesperado contra el cáncer? Esta provocative pregunta surge a raíz de un estudio publicado en la revista
Nature Aging por investigadores de la
Universidad de Stanford, que ha generado tanto entusiasmo como interpretaciones apresuradas.
El experimento, realizado con ratones de laboratorio genéticamente modificados para desarrollar cáncer de pulmón, arrojó un resultado sorprendente: los ejemplares más viejos desarrollaban
menor cantidad de tumores y, además, estos tendían a ser
menos agresivos que en los animales jóvenes.
El doctor
Gabriel Ercoli (M.N. 142.115), genetista y director médico de Gempre Genómica, aporta las precisiones necesarias para entender este fenómeno sin caer en falsas esperanzas.
El gen KRAS: el "acelerador" del cáncer
Para comprender el estudio, es fundamental conocer el papel del
gen KRAS. Este gen funciona como uno de los "aceleradores" biológicos del organismo: cuando se activa de manera anormal, empuja a las células a multiplicarse sin control, lo que puede derivar en un tumor maligno.
En el experimento de Stanford, los investigadores activaron deliberadamente este gen en los pulmones de los ratones para observar qué sucedía. El resultado fue claro: en los animales viejos, el mismo estímulo genético producía menos tumores y de crecimiento más lento.
El "suelo" envejecido como barrera
Una de las conclusiones más interesantes del estudio es que
el envejecimiento no solo afecta a las células individuales, sino también al tejido que las rodea. En términos simples: no es lo mismo que un tumor intente crecer en un "suelo" joven que en uno envejecido.
Los investigadores descubrieron que los tumores en ratones viejos conservaban un patrón genético propio del envejecimiento. Es como si el tumor no lograra "rejuvenecer" completamente la célula donde nace. Además, ciertas señales internas que impulsan el crecimiento celular estaban menos activas en estos animales.
PTEN: el freno que funciona diferente según la edad
El estudio también utilizó la técnica
CRISPR (una herramienta de edición genética de alta precisión) para inactivar genes que normalmente actúan como "frenos" del cáncer. Uno de estos frenos es el gen
PTEN, que en condiciones normales ayuda a evitar la multiplicación celular descontrolada.
El hallazgo fue revelador: en ratones jóvenes, perder PTEN impulsaba fuertemente el crecimiento tumoral; en los viejos, ese impulso era mucho menor. Esto sugiere que
la misma alteración genética puede tener efectos distintos según la edad del tejido.
¿Por qué no trasladar esto directamente a humanos?
El doctor Ercoli es enfático al aclarar los límites de estas conclusiones. En humanos, a diferencia del laboratorio:
- No se puede "iniciar" un tumor a voluntad para estudiarlo
- Se mezclan factores biológicos con diagnósticos, otras enfermedades coexistentes y tratamientos disponibles
- En edades muy avanzadas hay menos estudios de rastreo y menos procedimientos invasivos para confirmar diagnósticos
- Muchas personas fallecen por otras causas antes de que un cáncer se detecte
La observación de que la incidencia de cáncer se estabiliza o desciende en edades extremas existe en algunos registros, pero eso no significa que "la vejez proteja". Simplemente, hay menos búsqueda activa de cáncer y más causas de muerte alternativas.
La realidad clínica: la edad no lo define todo
En la práctica médica se observan tumores de crecimiento lento en personas mayores, pero también cánceres muy agresivos en la vejez, y tumores de bajo riesgo en gente joven.
La edad influye, pero no define por sí sola el comportamiento de los cánceres.
El especialista advierte que existen tumores que pueden ser agresivos a cualquier edad, donde no conviene asumir que la vejez los vuelve más benignos: cáncer de páncreas, algunos tumores cerebrales de alto grado, ciertos cánceres de pulmón y algunas leucemias agudas.
Además, incluso si un tumor creciera más lento, en una persona muy mayor puede ser igual o más riesgoso debido a la menor reserva fisiológica, más comorbilidades y menos margen para tratamientos intensivos.
No existe una "edad umbral" de tranquilidad
Una de las preguntas más frecuentes es si existe una edad a partir de la cual el cáncer deja de preocupar. La respuesta del experto es contundente:
"No existe una edad umbral".
Lo que guía las decisiones médicas es el tipo de tumor, el estadio, la velocidad de crecimiento, los síntomas y el estado general de la persona. Dos individuos con la misma edad pueden diferir enormemente en autonomía, fragilidad y tolerancia a tratamientos.
El camino de la investigación genética
El doctor Ercoli señala dos líneas de investigación que pueden arrojar más luz sobre este tema:
1.
Estudios en personas de edad muy avanzada, con y sin cáncer, para identificar factores hereditarios que favorezcan "resiliencia" frente al cáncer o retrasen su aparición.
2.
Unir genética del tumor con edad del paciente, comparando tumores con el mismo "driver" genético en personas de distintas edades para analizar qué genes están activos y cómo responde el tejido.
Conclusión: esperanza con prudencia
El estudio de Stanford abre una hipótesis fascinante: que el envejecimiento del tejido podría introducir frenos biológicos en algunos contextos tumorales. Sin embargo,
el cáncer sigue siendo una causa importante de enfermedad en la vejez, y no existe una protección universal.
El mensaje más fiel, según el especialista, es que el envejecimiento del tejido podría agregar frenos biológicos en determinados contextos, contribuyendo a que la incidencia no crezca indefinidamente,
pero eso no implica que el cáncer deje de ser relevante o que exista una protección garantizada.