Ambos son alimentos fermentados con beneficios probióticos, pero tienen diferencias clave en diversidad microbiana, textura y digestibilidad. Te contamos qué dicen los especialistas sobre cuál elegir para cuidar tu salud intestinal.
¿Qué son los probióticos y prebióticos?
Antes de comparar kéfir y yogur, es fundamental entender dos conceptos que suelen confundirse:
Probióticos: Son microorganismos vivos (principalmente bacterias y levaduras) que, al consumirse en cantidades adecuadas, aportan beneficios comprobados para la salud. Se encuentran en alimentos fermentados como el yogur y el kéfir.
Prebióticos: No son organismos vivos, sino fibras vegetales y otros compuestos que sirven de alimento para los probióticos. En otras palabras: los prebióticos son la "comida" de los microorganismos beneficiosos.
Cuando ambos trabajan juntos, ayudan a mantener en equilibrio nuestra
microbiota intestinal, ese ecosistema de billones de microorganismos que habita en nuestro intestino y que los expertos describen como un "segundo cerebro" por su influencia en la digestión, el sistema inmunológico, la producción de vitaminas e incluso el estado de ánimo.
Diferencias clave entre kéfir y yogur
Aunque ambos son lácteos fermentados, sus procesos de elaboración y características son diferentes:
El yogur tradicional
Se obtiene mediante
fermentación láctica, realizada por bacterias específicas:
Lactobacillus delbrueckii subsp.
bulgaricus y
Streptococcus thermophilus. Estas bacterias transforman la lactosa de la leche en ácido láctico, lo que le da su textura espesa y sabor suave.
La regulación exige que el yogur contenga al menos
10? unidades formadoras de colonias bacterianas viables por gramo o mililitro en el producto final.
El kéfir
Se produce mediante una
fermentación lacto-alcohólica más compleja, donde participan tanto bacterias lácticas como levaduras. Por eso genera ácido láctico, pero también pequeñas cantidades de dióxido de carbono y etanol, lo que explica sus burbujas características y un contenido alcohólico mínimo (normalmente
inferior al 0,5%).
Los gránulos de kéfir presentan una comunidad microbiana más diversa, con
entre 30 y 50 especies diferentes según su origen, lo que lo convierte en un alimento microbiológicamente más complejo que el yogur.
Diversidad microbiana: ¿es mejor el kéfir?
Según estudios recientes citados por medios especializados, el kéfir destaca por su mayor diversidad de microorganismos. Mientras el yogur contiene un número reducido de cepas bacterianas (lo que lo hace más estable y fácil de producir industrialmente), el kéfir ofrece una comunidad microbiana más variada.
Sin embargo, ambos alimentos favorecen el aumento de bacterias beneficiosas de los géneros
Lactobacillus y
Bifidobacterium, reconocidas por sus beneficios para la salud intestinal.
Es importante destacar que las modificaciones en la abundancia de bacterias beneficiosas son
transitorias y dependen del consumo continuado, acompañado de una dieta variada y rica en prebióticos.
Digestibilidad y contenido nutricional
Ambos productos son más fáciles de digerir que la leche, ya que parte de la lactosa se consume durante la fermentación. No obstante, el kéfir suele contener
menos lactosa residual, por lo que muchas personas con intolerancia a este nutriente lo toleran mejor.
En cuanto a micronutrientes:
Calcio: No existen diferencias significativas entre ambos.
Vitaminas: El contenido puede variar durante la fermentación. Por ejemplo, el folato (vitamina B9) aumenta en el yogur debido a la síntesis bacteriana.
¿Cuál elegir según los expertos?
Los especialistas consultados coinciden en que
no se puede afirmar que uno sea mejor que el otro de forma tajante.
El yogur destaca por la estabilidad de su composición, suavidad y textura cremosa. El kéfir sobresale por su diversidad microbiana y su menor contenido de lactosa.
La recomendación de los expertos es clara: en lugar de elegir uno frente al otro, lo más saludable es
consumir variedad de alimentos fermentados, lo que enriquecerá la composición de nuestra microbiota.
Conclusiones para tu día a día
- Si prefieres sabor suave y textura cremosa: elige yogur.
- Si buscas mayor diversidad microbiana y un toque más ácido: apuesta por el kéfir.
- Lo ideal: alternar ambos dentro de una dieta equilibrada rica en fibra.
Tu microbiota intestinal —ese "segundo cerebro" que influye en múltiples aspectos de tu salud— lo agradecerá.
Fuentes: El Economist vía Yahoo Noticias (15/02/2026), Cadena SER Radio Coruña (14/02/2026).