Imago Noticias
Leclerc alerta: Mercedes estaría ocultando su verdadero ritmo en Bahrein
TC Pick Up 2026: 16 pilotos, nuevo formato tipo F1 y el regreso de Ian Reutemann
Armando Caro Figueroa: "Milei logra lo que Menem no pudo: quiebre del modelo sindical peronista"
Milei celebra una ley histórica: "El acta de defunción del modelo que nos hundió"
Argentina aprueba histórica modernización laboral con 135 votos y avanza hacia su sanción definitiva
22/02/2026 08:24 • Salud
La actividad física ha sido considerada durante décadas como uno de los pilares fundamentales para mantener una buena salud cardiovascular. Sin embargo, un reciente estudio internacional publicado en el European Journal of Preventive Cardiology ha encendido las alarmas entre la comunidad científica y deportiva: las personas mayores de 50 años que practican deportes de resistencia y presentan cicatrización cardíaca enfrentan un riesgo significativamente mayor de sufrir arritmias ventriculares peligrosas.
La investigación, liderada por Wasim Javed de la Universidad de Leeds en el Reino Unido, examinó a 106 hombres sanos mayores de 50 años, todos ellos atletas de resistencia dedicados al ciclismo o al atletismo, con al menos quince años de entrenamiento continuo y un promedio de diez horas semanales de práctica física.
Una cicatriz cardíaca es un tejido fibroso que se forma en el corazón como resultado de un daño previo, como un infarto silencioso, miocarditis o enfermedades coronarias no diagnosticadas. Este tejido no funciona como el músculo cardíaco normal y puede interferir con las señales eléctricas del corazón, generando arritmias.
Uno de los hallazgos más importantes del estudio es que no existe una relación directa entre la cantidad o intensidad del ejercicio y la aparición de arritmias. Según explicó Wasim Javed:
"Los atletas que desarrollaron ritmos cardíacos anormales no hacían más ejercicio ni entrenaban con mayor intensidad que quienes no los sufrieron. Esto sugiere que el ejercicio no es la causa, aunque sí puede detonar arritmias peligrosas en quienes ya tienen problemas de base en el corazón".
Esta distinción es fundamental: el ejercicio sigue siendo beneficioso y seguro para la mayoría de las personas, pero quienes tienen cicatrices cardíacas previas deben extremar los controles médicos.
El estudio destacó el valor de los dispositivos de monitoreo cardíaco para detectar alteraciones a tiempo. Los investigadores combinaron dos métodos de seguimiento:
Relojes inteligentes y monitores de frecuencia cardíaca que permiten un seguimiento continuo no invasivo.
Dispositivos colocados bajo la piel que registran el ritmo cardíaco de forma permanente y muy precisa.
Los atletas que detectaron picos anómalos en la frecuencia cardíaca a través de sus monitores pudieron tomar medidas preventivas con rapidez, lo que demostró ser clave para su seguridad.
Si experimentas palpitaciones sostenidas, mareos, dolor en el pecho o aumento inusual de la frecuencia cardíaca, baja la intensidad inmediatamente y consulta a un cardiólogo.
La taquicardia ventricular es una arritmia que se origina en los ventrículos del corazón, causando latidos acelerados (más de 100 por minuto). Existen dos tipos principales:
Dura menos de 30 segundos. Generalmente menos peligrosa, pero indica posible daño cardíaco subyacente.
Dura más de 30 segundos. Puede ser grave y requiere atención médica inmediata, ya que puede derivar en fibrilación ventricular.
Los investigadores enfatizan que la actividad física sigue siendo segura y beneficiosa para la salud cardiovascular en la mayoría de los adultos mayores. El mensaje no es dejar de hacer ejercicio, sino realizarlo de manera responsable con controles médicos adecuados.
El estudio de la Universidad de Leeds amplía los hallazgos del estudio VENTOUX, también publicado en 2026, que había observado una mayor presencia de cicatrices cardíacas en atletas veteranos en comparación con la población general. Futuras investigaciones podrían centrarse en mujeres deportistas y atletas más jóvenes para desarrollar estrategias específicas de prevención cardiovascular.
Fuentes: European Journal of Preventive Cardiology, Universidad de Leeds. Publicado el 22 de febrero de 2026.