19/06/2026 06:18 - Actualidad
Escaladores con equipos de alta montaña formando una fila en la cumbre nevada del Monte Everest bajo un cielo azul intenso, con visibilidad de otras cumbres del Himalaya al fondo
La temporada de primavera 2026 en el Monte Everest cerró con cifras históricas que reflejan tanto el atractivo imparable de la montaña más alta del mundo como los peligros crecientes de su masificación. 1.008 personas alcanzaron la cumbre en una temporada marcada por récords, ingresos millonarios para Nepal y tragedias que reavivan el debate sobre los límites de la escalada comercial.
El 20 de mayo de 2026 se registró un récord absoluto: 274 escaladores pisaron la cumbre del Everest en una sola jornada por la vertiente nepalí. La imagen de colas interminables en la «zona de la muerte» se volvió viral nuevamente, con montañeros esperando bajo condiciones extremas para coronar los 8.848 metros del techo del mundo.
Las aglomeraciones se concentraron especialmente en el Escalón de Hillary, un tramo de 12 metros casi vertical que solo permite el ascenso de una persona a la vez. La espera puede resultar mortal: cada minuto adicional a esa altitud consume oxígeno precioso y expone a los escaladores a congelaciones, edemas y agotamiento extremo.
El gobierno de Nepal aumentó la tarifa para extranjeros:
USD 15.000
Anteriormente: USD 11.000. Solo el permiso, sin logística ni seguros.
La zona de la muerte comienza por encima de los 8.000 metros de altitud. En este punto, la presión atmosférica es tan baja que los pulmones solo pueden inhalar aproximadamente un tercio del oxígeno disponible al nivel del mar. Sin oxígeno suplementario, los síntomas graves pueden aparecer en solo 30 minutos.
«A menudo oímos que algún escalador extranjero o sherpa ha perdido la cordura repentinamente a gran altitud», explica el Dr. Nima Namgyal Sherpa, especialista en medicina de urgencias de montaña. «Pueden agitarse mucho y volverse irracionales, a veces soltándose de las cuerdas fijas y, en muchos casos, cayendo al vacío».
Purnima Shrestha, escaladora que ya había coronado el Everest cinco veces, vivió una pesadilla cuando su bombona de oxígeno falló justo en la cima. «En ese momento me di cuenta: no es seguro permanecer aquí ni un segundo más», relata a la BBC.
Un sherpa local compartió su menguante suministro de oxígeno durante el descenso, salvándole la vida. «Ese día solo anhelaba vivir», recuerda Purnima. A pesar del riesgo, el atractivo del Everest persiste: «No importa cuántas veces vaya, una vez que estoy en lo más profundo de la zona de la muerte, siempre me pregunto por qué decidí volver».
La temporada también tuvo historias de supervivencia extraordinaria. Hillary Dawa Sherpa, un guía experimentado, desapareció el 4 de junio a unos 7.500 metros y fue dado por muerto. Seis días después, apareció arrastrándose hacia el campo base.
Su supervivencia desafía toda lógica: cayó en una grieta, se alimentó con galletas y bebió agua del hielo fundido. Un alud rellenó la grieta de nieve y pudo salir. «No pensé que estaría vivo», declaró. Los equipos que desequipaban la Cascada de Hielo lo encontraron con vida en un estado de extenuación.
El 22 de mayo, el legendario guía nepalí Kami Rita Sherpa alcanzó la cumbre por trigésima segunda vez, estableciendo un récord absoluto de ascensiones al Everest. Sin embargo, incluso él pide regulación:
«Espero que el gobierno limite el número de alpinistas y que solo se permita el acceso a los escaladores de calidad».
Las cifras récord reavivaron las críticas sobre la saturación del Everest. El periodista y montañero Juan Manuel Sotillos es contundente en el Diario Vasco: «NO con mayúsculas. En absoluto merece la pena».
La alpinista vasca Edurne Pasaban, primera mujer en completar los 14 ochomil, expresa «indignación» al ver las colas actuales: «Cada mayo que veo esas colas en el Everest pienso lo afortunada que fui de vivir otras épocas en el Himalaya».
Dos escaladores indios que alcanzaron la cumbre fallecieron durante el descenso. En total, cinco personas perdieron la vida esta temporada. Más de 300 han muerto intentando escalar el Everest desde que se iniciaron los registros en la década de 1920.
El Departamento de Turismo de Nepal emitió 494 permisos y recaudó más de 1.000 millones de rupias nepalíes, aproximadamente USD 7 millones, una cifra sin precedentes. Los ciudadanos chinos fueron el grupo más numeroso (más de 100 permisos), seguidos por estadounidenses, indios, británicos, rusos y australianos.
La presión sobre la ruta nepalí aumentó por las restricciones chinas en el lado tibetano, que desplazaron expediciones hacia Nepal. La guerra entre Irán y Estados Unidos también afectó el turismo general del país, aunque no la demanda de escalada.
Nepal alberga ocho de las catorce montañas más altas del mundo. El turismo de montaña es fuente clave de divisas y empleo para guías, porteadores, cocineros y operadores locales. La temporada de primavera (mayo) ofrece las mejores ventanas climáticas, con el monzón aproximándose en junio.
Las colas en la zona de la muerte, los fallecimientos evitables y la comercialización extrema plantean una cuestión ética que la comunidad montañera debate con intensidad: ¿debería haber límites más estrictos para acceder al Everest? ¿O el derecho a soñar con la cima justifica cualquier riesgo?
Para muchos, como Edurne Pasaban, la respuesta está clara: «No se me ha perdido nada allí». Para otros, el Everest seguirá siendo una llamada irresistible, aunque el precio sea cada vez más alto.
Alfredo S. Quiroga