El Gobierno habilitó a los bancos a prestar hasta el 15% de sus depósitos en dólares a empresas que no generan divisas. La medida busca reactivar la economía, pero exfuncionarios del BCRA como Guido Sandleris y Andrés Neumeyer la calificaron como 'una mala idea' que erosiona la regulación prudencial vigente desde 2001.

Qué cambió con la nueva normativa

El 13 de agosto de 2026, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció en conferencia de prensa la flexibilización del artículo 23 del Decreto 905/02, que regula los préstamos en dólares. La medida permite a los bancos destinar hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera a financiar empresas que no generan divisas, siempre que liquiden esos dólares en el mercado oficial de cambios (MULC) y los conviertan a pesos.

Según el Gobierno, el sistema financiero tiene una capacidad prestable ociosa de casi USD 6.000 millones en moneda extranjera. Caputo explicó que el objetivo es "generar mayor crédito, bajar tasas, generar empleo y reactivar la economía". Mencionó especialmente a la construcción y la industria automotriz como sectores beneficiados.

El Banco Central, a cargo de Santiago Bausili, acompañó la norma con un marco prudencial: el capital mínimo requerido para estos préstamos será un 25% superior al de otras financiaciones, y computarán por 1,25 veces el monto usual para los límites de exposición crediticia. Además, los bancos deberán analizar la capacidad de repago ante distintos escenarios de tipo de cambio.

Las críticas de los economistas

La medida generó un fuerte rechazo entre economistas y exfuncionarios. Guido Sandleris, expresidente del BCRA durante el gobierno de Macri y defensor de las políticas de Milei, fue contundente: "He apoyado muchas de las medidas del equipo económico, pero creo que la flexibilización de las reglas para otorgar préstamos en dólares es una mala idea". Sandleris advirtió que "erosiona uno de los pocos consensos relevantes que la Argentina había logrado construir: una regulación prudencial muy estricta del sistema bancario en dólares".

El exfuncionario recordó que esa regulación nació tras la crisis de 2001 para evitar que una devaluación volviera impagables los créditos en dólares y pusiera en riesgo los depósitos. "El monto autorizado es acotado; el precedente que se establece, no", subrayó.

Andrés Neumeyer, execonomista jefe del BCRA y profesor de la UTDT, fue en la misma línea: "Nos deslizamos por la pendiente resbaladiza de relajamiento macroprudencial. La relajación de las restricciones al descalce de moneda crea un riesgo sistémico. Cuando hay una depreciación real importante, los depositantes con dólares o son rescatados por el contribuyente o son pesificados". Y agregó: "El populismo crediticio es una de las razones por las cuales es saludable un banco central independiente".

Otro exfuncionario, que pidió reserva de su nombre, comparó la medida con los atajos de los años 90: "Ya tomamos esos atajos y terminaron con la pesificación asimétrica en 2001. Al principio todo es jolgorio; después viene la resaca".

El debate sobre el impacto real

Mientras el Gobierno defiende la medida como un impulso a la actividad, varios analistas dudan de su efectividad. Diego Coatz, economista especializado en pymes, opinó: "El problema más importante de la pyme hoy es la actividad, el consumo. Esto no creo que tenga impacto". Fernando Marull, director de FMyA, coincidió: "El sujeto de crédito que ya era sujeto de crédito va a seguir siéndolo. El que no lo era, no lo va a cambiar".

Carlos Pérez, economista jefe de Fundación Capital y exgerente del BCRA, consideró que la medida "va en el sentido indicado, pero ayuda a la reactivación de forma acotada". Cuestionó el timing: "Esta medida hubiese sido mejor sacarla cuando el riesgo país era descendente y el BCRA compraba más de USD 100 millones por día". También advirtió que es la tercera flexibilización de este tipo, y que "si esto es parte de una secuencia que sigue flexibilizando, hay que tener cuidado".

El contexto: dólares del colchón y FGS

Caputo también confirmó que planea utilizar parte de los fondos del FGS de la Anses para ofrecer depósitos de largo plazo a los bancos, con tasas sobre UVA. La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, venía resistiendo esa medida. El viceministro José Luis Daza aseguró que el FMI está "enterado y de acuerdo" con la flexibilización.

La medida busca incentivar a los ahorristas a sacar los dólares del colchón. Caputo ejemplificó: "Si alguien tuvo 10.000 dólares por 20 años debajo del colchón, al 6% hoy podría tener 32.000". Sin embargo, críticos señalaron que el propio Caputo mantiene gran parte de su patrimonio en el exterior, según su declaración jurada de 2024.

El riesgo de descalce cambiario es el fantasma que recorre el debate. La regulación que ahora se flexibiliza sobrevivió casi 24 años a gobiernos de distinto signo, y su desarme en un momento de tipo de cambio real apreciado genera preocupación. Como resumió Sandleris: "Las regulaciones financieras prudenciales suelen implicar costos de corto plazo, pero existen para proteger un bien mucho más valioso: la estabilidad financiera".